El crecimiento de la energía solar en Estados Unidos enfrenta su mayor desaceleración en años, impulsada por nuevos aranceles a materiales clave y la amenaza de recortes fiscales a las energías limpias. Según la Asociación de Industrias de Energía Solar (SEIA) y la firma Wood Mackenzie, la nueva capacidad solar instalada en el país será más de un 10 % menor en 2030 respecto a 2025, marcando un giro significativo para un sector que venía en alza.
La administración federal ha priorizado la industria de combustibles fósiles y promovido nuevos aranceles sobre el acero y el aluminio importados, elementos esenciales para los proyectos solares. Además, un proyecto de ley aprobado en la Cámara de Representantes podría eliminar los créditos fiscales a energías limpias establecidos durante la presidencia de Joe Biden. Estos créditos habían impulsado la instalación de paneles solares y la apertura de nuevas fábricas en estados como Texas y Ohio.
El informe revela que el primer trimestre de 2025 ya mostró señales de retroceso: las instalaciones solares residenciales cayeron un 13 %, y la capacidad total instalada disminuyó respecto al año anterior. Aunque la demanda corporativa y el aumento de tarifas eléctricas podrían mitigar parcialmente el impacto, las condiciones para el desarrollo solar son mucho menos favorables en el contexto actual.
La energía solar representó el 69 % de la nueva generación de electricidad durante el último trimestre, pero los expertos advierten que, de mantenerse las políticas actuales, el avance del sector se frenará en los próximos cinco años. Las empresas y asociaciones del sector señalan que la incertidumbre regulatoria y la reducción de incentivos fiscales suponen un obstáculo importante para los proyectos a gran escala y residenciales.
Estados como Texas, Florida, Ohio, Indiana y California concentran el 65 % de la nueva capacidad solar instalada. Sin embargo, la inestabilidad en las políticas federales amenaza tanto la inversión privada como el empleo y la transición energética. La SEIA advierte que, si el Congreso elimina definitivamente los créditos fiscales, el ritmo de crecimiento solar se resentirá aún más.
En contraste con el retroceso en la política federal, la demanda de energía solar por parte de empresas y consumidores sigue alta, impulsada por el aumento de los costos eléctricos y la búsqueda de alternativas más limpias y sostenibles. A pesar de las dificultades, ocho nuevas fábricas solares abrieron o ampliaron su producción en el primer trimestre del año, lo que muestra el potencial de la industria si se mantienen condiciones favorables.
El giro político hacia los combustibles fósiles y la incertidumbre en los incentivos fiscales constituyen un desafío crítico para la industria solar estadounidense. El futuro del sector dependerá en gran medida de las decisiones que adopte el Congreso y de la capacidad de la industria para adaptarse a los nuevos escenarios regulatorios y económicos.
Fuente: Reuters