Un terremoto de magnitud 7,7 ocurrido en Myanmar en marzo de 2025 ha dejado algo poco habitual: una grabación directa del momento en el que la superficie terrestre se desplaza a lo largo de una falla activa. Más allá del impacto del seísmo, el vídeo ha permitido a los científicos observar con precisión cómo se produce la ruptura en condiciones reales.
El evento tuvo lugar a lo largo de la falla de Sagaing, cerca de Mandalay, una zona donde dos bloques de la corteza se deslizan lateralmente uno junto al otro. Este tipo de fallas, conocidas como de desgarre, no elevan ni hunden el terreno de forma clara, sino que lo desplazan horizontalmente, como si dos placas se rozaran al moverse en direcciones opuestas.
La diferencia en este caso no está en el tipo de falla, sino en cómo se pudo estudiar. Una cámara de seguridad captó el instante exacto en el que la ruptura alcanzó la superficie, algo extremadamente raro. Normalmente, los investigadores dependen de sensores lejanos o datos indirectos para reconstruir estos procesos.
A partir de ese vídeo, un equipo de la Universidad de Kioto analizó el movimiento fotograma a fotograma utilizando técnicas de seguimiento de píxeles. El resultado fue una medición directa del desplazamiento: el terreno se movió lateralmente unos 2,5 metros en apenas 1,3 segundos, con una velocidad máxima cercana a los 3,2 metros por segundo.
Más allá de la cifra, lo relevante es la forma en la que ocurrió. El deslizamiento no fue continuo ni uniforme, sino que se concentró en un pulso breve e intenso que avanzó a lo largo de la falla. Este comportamiento ya se había propuesto en modelos teóricos, pero rara vez se había podido observar de forma tan directa.
Otro detalle importante es la trayectoria del movimiento. En lugar de seguir una línea completamente recta, el desplazamiento mostró una ligera curvatura, especialmente en los primeros instantes. Esto coincide con marcas observadas en rocas en estudios geológicos, pero hasta ahora no se había documentado en tiempo real con este nivel de precisión.
Este tipo de observaciones permite mejorar los modelos que se utilizan para estimar cómo se propaga la energía durante un terremoto. Entender si la ruptura ocurre en forma de pulso o de manera más distribuida cambia la forma en la que se calcula la intensidad de la sacudida en superficie.
El hallazgo no implica que se puedan predecir terremotos a corto plazo, pero sí ayuda a afinar las herramientas con las que se evalúa el riesgo sísmico. A largo plazo, estos datos pueden influir en normas de construcción y en la planificación de infraestructuras en zonas expuestas.
Los investigadores planean ahora aplicar modelos físicos para entender mejor qué factores controlan este tipo de comportamiento en las fallas, aprovechando un tipo de evidencia que hasta hace poco simplemente no existía.