Las primeras estrellas que se formaron en el universo pudieron ser mucho más grandes y extremas de lo que se pensaba hasta ahora. Así lo sugiere un nuevo estudio basado en observaciones del Telescopio Espacial James Webb, que ha permitido analizar galaxias muy antiguas, formadas cuando el cosmos tenía apenas unos cientos de millones de años.
Durante décadas, los astrónomos han tratado de entender cómo fueron las primeras estrellas, conocidas como estrellas primordiales. Estas se formaron a partir de gas casi puro de hidrógeno y helio, sin los elementos pesados que hoy son comunes en el universo. Hasta ahora, solo existían modelos teóricos, ya que nunca se habían observado directamente.
Las nuevas observaciones han cambiado ese panorama. Al estudiar la luz de una galaxia muy lejana, los científicos detectaron proporciones químicas inusuales, especialmente una cantidad sorprendentemente alta de nitrógeno en relación con otros elementos. Este tipo de firma química no puede explicarse fácilmente con estrellas similares a las actuales.
Según el estudio, la explicación más probable es que esas galaxias fueron enriquecidas por estrellas gigantes, con masas cientos o incluso miles de veces mayores que la del Sol. Estas estrellas habrían vivido poco tiempo, pero durante su corta existencia habrían producido grandes cantidades de ciertos elementos químicos y los habrían liberado al espacio.
Este resultado sugiere que las primeras estrellas no solo eran más grandes, sino también muy distintas en su funcionamiento interno. Al no contener metales, su estructura, su forma de generar energía y su evolución habrían sido radicalmente diferentes a las de las estrellas que vemos hoy en la Vía Láctea.
Además, estas estrellas gigantes podrían haber jugado un papel clave en la historia temprana del universo. Al colapsar, muchas de ellas habrían formado agujeros negros masivos, que más tarde crecerían hasta convertirse en los núcleos activos de las primeras galaxias. Esto ayudaría a explicar por qué se observan agujeros negros enormes en épocas tan tempranas del cosmos.
El estudio también refuerza la idea de que el universo primitivo fue un lugar mucho más violento y dinámico de lo que se pensaba. En lugar de una evolución lenta y ordenada, los primeros cientos de millones de años habrían estado dominados por procesos extremos, impulsados por estrellas colosales y efímeras.
Aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas, los investigadores consideran que estas observaciones representan una de las evidencias más sólidas hasta ahora de cómo pudieron ser las primeras estrellas. En los próximos años, nuevas observaciones del James Webb y de futuros telescopios permitirán comprobar si este tipo de estrellas gigantes fue común o si se trató de casos excepcionales.
Comprender cómo fueron las primeras estrellas no solo ayuda a reconstruir el pasado del universo, sino también a entender cómo se formaron los elementos químicos que hoy hacen posible planetas, atmósferas y, en última instancia, la vida.
Fuente: IOP Science