Un equipo internacional de investigadores ha identificado un periodo de sequía extrema que afectó a los lagos de K’gari —la isla de arena más grande del mundo, ubicada en la costa oriental de Australia— entre hace aproximadamente 7.600 y 5.600 años. El hallazgo se basa en el análisis detallado de sedimentos lacustres y dataciones por radiocarbono, y muestra que varios lagos profundos dejaron de acumular sedimentos por completo durante siglos, una señal clara de desecación.
El estudio, publicado en la revista Journal of Quaternary Science, revisa décadas de datos y añade registros nuevos que permiten reconstruir con mayor precisión la historia climática de la región. K’gari es un lugar clave para entender los cambios antiguos en el clima del este australiano debido a su gran cantidad de lagos permanentes y su sensibilidad a las variaciones de lluvia y evaporación.
Los lagos dejaron de acumular sedimentos durante mil años
Los investigadores analizaron sedimentos de tres lagos profundos —Basin Lake, Lake Allom y Boorangoora (lago McKenzie)— y encontraron un vacío claro: un intervalo de entre 1.000 y 2.000 años sin acumulación. Esto solo es posible si los lagos se secan parcial o totalmente, dejando de depositar su característico barro oscuro rico en materia orgánica.
Los análisis muestran que la fase seca comenzó alrededor de los 7.600 años antes del presente y terminó cerca de los 5.600. Antes y después de ese intervalo, los lagos presentaban niveles estables y profundidades de entre 6 y 8 metros, lo que confirma que el evento de sequía fue excepcional.
Un clima más variable de lo que se creía
La sequía identificada contrasta con la idea más extendida de que el Holoceno medio fue una época relativamente húmeda en el este de Australia. Además, desafía la hipótesis de que la intensificación de El Niño y la Oscilación del Sur (ENSO) fue la causa principal de los cambios climáticos regionales en ese periodo.
De hecho, el estudio revela diferencias notables entre K’gari y la cercana isla de Minjerribah (North Stradbroke), que a menos de 300 kilómetros al sur no muestra señales de desecación tan marcada. Esto implica que los factores climáticos que afectaron a ambas islas no actuaron de forma uniforme.
No solo se secaron: después llovió más
Una vez superado el periodo seco, los lagos de K’gari volvieron a llenarse y alcanzaron condiciones más húmedas que las actuales. Los sedimentos posteriores muestran un aumento de materia orgánica y una reducción de arena transportada por el viento, indicadores de mayor lluvia y de un entorno más estable.
En algunos lagos, como Hidden Lake, la recuperación fue tan marcada que incluso se produjo una expansión de vegetación propia de ambientes más húmedos durante el Holoceno tardío.
Lecciones para el presente y el futuro
El estudio advierte que los lagos de K’gari son extremadamente sensibles a los cambios en la lluvia y la evaporación. Con temperaturas en ascenso y proyecciones que indican sequías más frecuentes y prolongadas en el este de Australia, los autores sostienen que el riesgo de desecación futura es real.
Comprender cómo respondieron estos sistemas hace miles de años es clave para anticipar qué podría ocurrir en las próximas décadas. Los lagos profundos, importantes para la biodiversidad y el turismo, podrían volverse más vulnerables de lo que se pensaba.
Los investigadores concluyen que extrapolar conclusiones climáticas basadas en un solo punto del mapa puede llevar a errores, ya que incluso islas cercanas pueden reaccionar de forma distinta ante los mismos patrones climáticos.
Fuente: Wiley Online Library