Explorar las cuevas de lava de la Luna podría dejar de ser una idea propia de la ciencia ficción gracias a una nueva rueda robótica diseñada para moverse en uno de los entornos más hostiles del espacio. Un equipo internacional de investigadores ha presentado una rueda flexible, sin aire y desplegable, pensada para que pequeños rovers puedan descender por pozos lunares y recorrer tubos de lava sin necesidad de complejos sistemas de cuerdas o grúas.
Las cuevas de lava lunares son de gran interés para la ciencia y para futuras misiones tripuladas. Estas estructuras naturales podrían ofrecer refugio frente a la radiación, los micrometeoritos y las bruscas variaciones de temperatura de la superficie lunar. Además, podrían conservar hielo de agua y materiales antiguos que ayuden a entender mejor la historia geológica de la Luna.
El problema es el acceso. Muchas de estas cuevas comienzan con embudos pronunciados y paredes casi verticales de decenas de metros de profundidad. Los rovers actuales, diseñados para superficies relativamente planas, tienen grandes dificultades para entrar en estos entornos sin correr un alto riesgo de quedar inutilizados.
La rueda presentada aborda este reto desde un enfoque poco habitual en la exploración espacial. En lugar de usar piezas rígidas y mecanismos delicados, está construida con tiras metálicas elásticas entrelazadas que le permiten cambiar de tamaño y absorber impactos. Plegada, ocupa poco espacio; desplegada, alcanza un diámetro mucho mayor, mejorando la estabilidad y la capacidad para superar obstáculos.
Una de las claves del diseño es que no necesita aire ni componentes inflables, lo que elimina riesgos en un entorno de vacío extremo como el lunar. Además, la rueda puede soportar caídas equivalentes a descensos de hasta cien metros bajo la gravedad de la Luna, algo crucial si un rover se deja caer directamente al interior de una cueva.
Las pruebas realizadas en laboratorio y en terrenos simulados han mostrado que la rueda mantiene buena tracción sobre superficies rocosas y regolito, el polvo fino que cubre la Luna. También ha demostrado resistir temperaturas extremas, desde el calor intenso del día lunar hasta el frío extremo de la noche, sin perder su forma ni su funcionalidad.
Este enfoque permitiría cambiar la forma en que se diseñan las misiones de exploración subterránea. En lugar de depender de un único rover grande y complejo, se podrían desplegar varios microrovers más pequeños desde una plataforma principal. Si uno falla, los demás podrían continuar la misión, reduciendo el riesgo total.
Más allá de la Luna, la tecnología podría tener aplicaciones en otros cuerpos del sistema solar. Cuevas y túneles similares podrían existir en Marte o en lunas heladas, donde explorar el subsuelo es clave para buscar señales de agua o incluso de vida pasada.
Aunque todavía no se trata de un sistema listo para volar al espacio, los investigadores consideran que este tipo de ruedas acerca un paso más la exploración directa de cuevas lunares. Un objetivo que, hasta hace poco, parecía demasiado arriesgado, empieza ahora a verse como una posibilidad real para las próximas décadas.
Fuente: Science