La tensión en el Pacífico ha puesto a Filipinas en el centro del tablero geopolítico. Estados Unidos ha desplegado tropas y misiles antibuque en el norte del archipiélago, especialmente en la provincia de Batanes, situada a menos de 145 kilómetros de Taiwán. Esta región, antes tranquila, se ha transformado en la nueva línea de defensa estadounidense frente a la expansión militar china.
Según un Informe Especial de Reuters, el objetivo del Pentágono es impedir el paso de buques de guerra chinos por el canal de Bashi, una vía marítima estratégica que conecta el mar de China Meridional con el océano Pacífico. En caso de conflicto, Washington buscaría bloquear el acceso de la armada china a las aguas abiertas, reduciendo su capacidad para intervenir o rodear Taiwán.
En las maniobras conjuntas realizadas entre abril y junio de 2025, las fuerzas estadounidenses trasladaron por aire lanzadores de misiles antibuque NMESIS hasta Batanes. Estos sistemas, capaces de alcanzar objetivos a más de 300 kilómetros, fueron diseñados para “cerrar un estrecho” y garantizar la denominada “negación del acceso marítimo”.
El canal de Bashi, la nueva frontera del Pacífico
El canal de Bashi se ha convertido en un punto decisivo para las estrategias de defensa del Indo-Pacífico. Controlarlo significa dominar una de las rutas más sensibles para el comercio y el movimiento naval de China. Antiguos altos mandos filipinos aseguraron a Reuters que “no se puede invadir Taiwán si no se controla el norte de Filipinas”.
Para Estados Unidos, esta posición refuerza la llamada “Primera Cadena de Islas”, un cinturón geográfico que incluye a Japón, Taiwán y Filipinas. Juntos, estos territorios forman una barrera natural capaz de limitar las operaciones navales de Pekín fuera de sus costas. El portavoz de la Armada filipina, contralmirante Roy Trinidad, lo resumió así: “Somos la puerta entre el mar de China Meridional y el océano Pacífico”.
Los residentes de Batanes, que suman apenas 20.000 personas, observan con mezcla de temor y resignación el aumento de los ejercicios militares. “Al principio pensamos que la guerra había comenzado”, contó una comerciante local citada por Reuters. Hoy, la comunidad se prepara por si un conflicto corta las rutas de suministro o provoca un éxodo desde Taiwán.
Misiles y alianzas frente a la amenaza china
El despliegue estadounidense en Filipinas forma parte de una estrategia regional que incluye bases compartidas, entrenamiento conjunto y el refuerzo de defensas costeras. Washington ha prometido modernizar las capacidades del ejército filipino y mantener una presencia rotativa constante. Más de 500 actividades militares conjuntas están previstas para 2026.
A esto se suma el apoyo diplomático. El presidente estadounidense Donald Trump recibió al mandatario filipino Ferdinand Marcos Jr. en julio, reafirmando la alianza bilateral. Marcos reconoció que, si estalla una guerra por Taiwán, Filipinas “se verá inevitablemente arrastrada al conflicto”.
China, por su parte, ha calificado estas maniobras de “provocaciones peligrosas”. Pekín advierte que la cooperación militar entre Washington y Manila “socava la paz y la estabilidad regional”. Sin embargo, funcionarios filipinos aseguran que la reacción china solo confirma la efectividad de su estrategia disuasoria: “Si a Pekín no le gusta, significa que lo estamos haciendo bien”, declaró un ex alto mando naval.
Batanes, entre la calma y la historia
Durante la Segunda Guerra Mundial, tropas japonesas desembarcaron en Batanes pocas horas después del ataque a Pearl Harbor. Hoy, más de ocho décadas después, estas islas vuelven a ser observadas como un punto de riesgo militar. Sus habitantes recuerdan aquella historia con inquietud, mientras autoridades locales elaboran planes de evacuación y contingencia.
“No pienso en cómo subsistir, sino en cómo sobrevivir”, dijo a Reuters el exministro Florencio Abad, originario de la zona. “Si hay guerra, quizás no podamos movernos ni por mar ni por aire. Tendremos que aprender a vivir de nuevo de lo que da la tierra”.
Entre la diplomacia, los misiles y la incertidumbre, Batanes refleja la nueva realidad del Indo-Pacífico, una región donde la línea que separa la paz de la confrontación se estrecha cada día más.