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Genoma de rinoceronte lanudo recuperado del estómago de un lobo de la Edad de Hielo

Un equipo en Suecia reconstruyó el genoma de un rinoceronte lanudo a partir de tejido encontrado en el estómago de un lobo fósil, y halló señales de estabilidad genética hasta el final.

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Cachorro de lobo Tumat-1 conservado en laboratorio
Cachorro de lobo Tumat-1 fotografiado en Viena, Austria, en 2018. Crédito: Mietje Germonpré.

Investigadores del Centro de Paleogenética, una colaboración entre la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural, han logrado secuenciar el genoma completo de un rinoceronte lanudo de unos 14.400 años de antigüedad a partir de un lugar poco habitual, un fragmento de tejido preservado en el estómago de un lobo de la Edad de Hielo. El trabajo, publicado en Genome Biology and Evolution, apunta a que la especie se mantuvo genéticamente “sana” hasta muy cerca de su desaparición.

El hallazgo no es solo una rareza técnica. Los autores lo usan para discutir una pregunta de fondo, si los rinocerontes lanudos se fueron apagando poco a poco por pérdida de diversidad genética y endogamia, o si su final fue más bien un colapso rápido por cambios ambientales abruptos.

La muestra procede de un lobo antiguo descubierto en el permafrost cerca de la aldea de Tumat, en el noreste de Siberia. Durante la autopsia se identificó en su estómago un pequeño fragmento de tejido que, tras datación por radiocarbono, resultó tener alrededor de 14.400 años. La secuenciación confirmó que pertenecía a Coelodonta antiquitatis, el rinoceronte lanudo, y los investigadores destacan que se trataría de uno de los especímenes más jóvenes identificados para esta especie.

Fragmento de tejido lanudo de rinoceronte con marcas de muestreo
Tejido lanudo de rinoceronte hallado en el estómago del cachorro Tumat-1, con marcas de muestreo para ADN. Crédito: Love Dalén / Universidad de Estocolmo.

Extraer ADN útil de este tipo de material es particularmente difícil. En restos tan antiguos, las moléculas suelen estar muy fragmentadas y en cantidades bajas, y aquí se suma un problema adicional, el tejido está mezclado con ADN del depredador y con señales de degradación propias de lo que estuvo en el sistema digestivo. La autora principal, Sólveig Guðjónsdóttir, describe el proceso como “emocionante” y a la vez muy exigente por lo inusual de la fuente.

Para interpretar el genoma, el equipo lo comparó con otros dos genomas de alta calidad de rinocerontes lanudos más antiguos, fechados aproximadamente en 18.000 y 49.000 años. Con esa comparación analizaron cómo cambiaron, a lo largo del tiempo, indicadores como la diversidad genómica, los niveles de endogamia y la carga de mutaciones potencialmente perjudiciales.

El resultado central es que no observaron un deterioro genético progresivo conforme se acercaba la extinción. Según Edana Lord, los datos muestran un patrón sorprendentemente estable, sin aumentos claros de endogamia durante decenas de miles de años, lo que sugiere poblaciones relativamente grandes y viables hasta etapas tardías.

Si esa lectura es correcta, la hipótesis que gana peso es la de una extinción rápida vinculada al calentamiento al final de la última glaciación, más que un declive largo impulsado por problemas genéticos. Love Dalén añade otro matiz relevante, los rinocerontes lanudos habrían persistido unos 15.000 años después de la llegada de humanos al noreste de Siberia, lo que, en su interpretación, hace que el clima parezca un factor más decisivo que la caza.

Fuente: Oxford Academic

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