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Hallan una supertierra a 25 años luz que podría ser un buen lugar para buscar vida

Una supertierra a 25 años luz se revela como mejor candidata para albergar vida tras descubrirse que es más ligera y rocosa de lo que se pensaba.

Aldo Venuta Rodríguez
Aldo Venuta Rodríguez Redacción · 4 min lectura
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Representación artística de la superficie de la supertierra GJ 3378b en la zona habitable de su estrella
Ilustración artística de la supertierra habitable GJ 3378b. Créditos: Nikolai Berman / UC Irvine.

En la búsqueda de vida más allá de la Tierra, los astrónomos tienen un lema, seguir el agua. Y un planeta cercano acaba de volverse mucho más interesante en esa búsqueda, porque un nuevo análisis lo revela más parecido a nuestro mundo de lo que se creía.

Se llama GJ 3378b y está a solo 25 años luz, prácticamente en el vecindario en términos cósmicos. Orbita una enana roja, una estrella pequeña y fría, justo dentro de la llamada zona habitable, la franja donde las temperaturas permitirían que existiera agua líquida sobre su superficie. Eso lo convierte en un candidato a albergar vida, y ahora en uno más sólido que antes.

La clave del giro está en su peso. Cuando se descubrió en 2024 se calculó que tenía unas cinco veces la masa de la Tierra, pero el nuevo trabajo, realizado con el telescopio Hobby-Eberly del Observatorio McDonald, ha rebajado esa cifra a apenas 2,3 veces. Y esa diferencia lo cambia todo.

Por qué pesar menos lo hace mejor candidato

Una supertierra es un planeta rocoso más grande que el nuestro, pero el matiz está en cuánto. Si es demasiado masivo, su gravedad retiene una atmósfera densísima y aplastante que ahogaría cualquier forma de vida en la superficie. Al resultar más ligero de lo pensado, GJ 3378b tiene muchas más papeletas de ser un mundo rocoso de verdad, con una atmósfera respirable en lugar de un infierno a presión.

Para medir algo tan sutil, el equipo no observó el planeta directamente, sino el leve bamboleo que provoca en su estrella al tirar de ella con su gravedad. Captar esa oscilación mínima en una estrella tan tenue exige una precisión extrema y un instrumento especializado en luz infrarroja, porque las enanas rojas emiten casi toda su energía en esa longitud de onda.

El estudio también afinó su órbita, que dura apenas 21 días. Suena diminuta comparada con los 365 de la Tierra, pero como su estrella es un tercio del tamaño del Sol, esa cercanía es justo lo que coloca al planeta en la zona templada. Aquí aparece la duda, porque tanta proximidad podría exponerlo a una radiación capaz de arrancarle la atmósfera, aunque un cálculo preliminar del propio equipo sugiere que quizá logre conservarla.

Un planeta en la orilla del universo habitable

Los autores describen a GJ 3378b con una imagen preciosa, la de un planeta asomado a la orilla cósmica. Es la línea invisible que separa los mundos capaces de retener su aire de los que lo pierden barridos por su estrella, y este se encuentra justo en el filo, lo que lo convierte en un caso de estudio fascinante para entender dónde empieza y dónde acaba la posibilidad de vida.

Su importancia va más allá de él mismo, porque las enanas rojas como la suya son el 70% de las estrellas de la galaxia, las más comunes con diferencia. Entender qué planetas las orbitan es entender dónde es más probable que exista vida en el universo, y este, por su cercanía, es un objetivo de primera fila.

El siguiente paso será mirarlo de frente. La próxima generación de telescopios gigantes, con espejos de más de veinte metros, podrá observar directamente mundos como este y buscar en su atmósfera las biofirmas, esas huellas químicas que delatarían la presencia de vida. El objetivo final, en palabras de los investigadores, es responder por fin a la vieja pregunta de si estamos solos.

Fuentes

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Estudio original (preprint en arXiv)

arxiv.org/abs/2605.16499

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