España vive uno de los veranos más devastadores en materia de incendios forestales. El balance provisional supera ya las 40.000 hectáreas arrasadas en Ourense, el peor incendio registrado en la historia de Galicia, mientras que Extremadura se encuentra en situación crítica por la simultaneidad de focos activos.
Las altas temperaturas, unidas a la sequía prolongada y los fuertes vientos, han convertido a varias regiones del país en un polvorín. Las autoridades reconocen que los recursos están al límite y que la magnitud de los fuegos exige una coordinación sin precedentes.
En Ourense, el fuego declarado hace días avanza sin control y ya se ha convertido en el mayor incendio jamás registrado en Galicia. La superficie afectada supera las 40.000 hectáreas, con consecuencias ecológicas y sociales graves, pues varios núcleos de población se han visto amenazados por las llamas.
Los bomberos y brigadas forestales han trabajado durante jornadas maratonianas, apoyados por medios aéreos, pero la extensión del fuego ha dificultado las labores de extinción. El humo es visible desde municipios lejanos y ha afectado la calidad del aire en amplias zonas del noroeste peninsular.
Los vecinos de distintas localidades se han visto obligados a abandonar sus viviendas de forma preventiva. En muchos casos, han regresado para encontrar campos de cultivo, pastos y parte de sus propiedades reducidos a cenizas, lo que augura un impacto económico de gran calado.
En Extremadura, la situación tampoco da tregua. El incendio en Jarilla ha quemado miles de hectáreas y obligó a evacuar los pueblos de Villar de Plasencia, Cabezabellosa y la propia Jarilla, cuyos habitantes pasaron varias noches fuera de sus hogares antes de poder regresar.
Además, los municipios de Segura del Toro, Casas del Monte y Oliva de Plasencia estuvieron confinados por el avance del fuego. Aunque algunos confinamientos se han levantado, la incertidumbre continúa ante la amenaza de rebrotes y nuevas igniciones en un entorno reseco.
El consejero de Presidencia extremeño ha agradecido la ayuda llegada de otras comunidades autónomas. Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla-La Mancha, Madrid, Cantabria y Aragón han desplazado efectivos y medios a la región, junto con el apoyo inmediato de Portugal.
Los dispositivos enviados incluyen brigadas forestales, técnicos de extinción, camiones cisterna, helicópteros y aviones anfibios. El operativo se coordina desde Cáceres y se centra en los frentes más peligrosos, especialmente en Jarilla y Aliseda, donde la evolución aún es desfavorable.
Otros incendios también han golpeado la comunidad. En Llerena, un fuego originado por la avería de un camión con alpacas de paja ha calcinado casi 6.000 hectáreas. En Alburquerque se han quemado 2.500 y en Burguillos del Cerro alrededor de 1.000, aunque su evolución es favorable.
La simultaneidad de focos ha puesto en tensión el Plan Especial de Protección Civil de Incendios Forestales de Extremadura (Infocaex), que opera en nivel 2. La Junta ha solicitado al Gobierno central más efectivos, así como la activación del Mecanismo Europeo de Protección Civil.
En paralelo, Castilla y León también combate varios incendios, mientras la coordinación nacional busca distribuir recursos según las prioridades. La magnitud de la emergencia exige que la Unidad Militar de Emergencias (UME) intervenga con más intensidad en las zonas más comprometidas.
Los expertos señalan que el verano de 2025 confirma una tendencia al alza en los grandes incendios forestales, cada vez más difíciles de contener. La combinación de sequía, olas de calor e igniciones simultáneas convierte el paisaje ibérico en un escenario de riesgo permanente.
Mientras tanto, la atención está puesta en las previsiones meteorológicas. Si se mantienen las altas temperaturas y los vientos irregulares, los incendios podrían prolongarse durante varios días más. El Gobierno central deberá decidir si refuerza de inmediato los medios para frenar una crisis que ya marca un hito en la historia reciente.