Japón denunció que aviones de combate chinos iluminaron con su radar a aeronaves militares japonesas durante dos incidentes registrados en las cercanías de Okinawa, una zona donde la actividad militar ha aumentado de forma constante en los últimos años. Para Tokio, este tipo de acción es interpretado como una señal hostil, ya que implica que la aeronave podría estar preparándose para abrir fuego.
El primer ministro Sanae Takaichi declaró que se trató de un comportamiento “peligroso” e “inaceptable” y confirmó que su gobierno presentó una protesta formal ante Pekín. Tokio sostiene que los pilotos japoneses se vieron obligados a reaccionar con cautela al detectar la iluminación de radar, una maniobra que, en la práctica, puede desencadenar tensiones inmediatas en el aire.
China rechazó la acusación. Un portavoz de la Marina afirmó que los aviones japoneses fueron quienes se acercaron demasiado a un entrenamiento del portaaviones Liaoning y “perturbaron” el ejercicio. Pekín asegura que sus aeronaves actuaron dentro de la ley y acusa a Japón de “exagerar” el incidente para generar presión diplomática.
Este cruce se produce en un momento en el que la relación entre ambos países atraviesa uno de sus puntos más bajos. Japón ha endurecido su postura en relación con Taiwán, afirmando que cualquier ataque chino contra la isla podría afectar directamente su seguridad. Pekín considera estas declaraciones como una provocación y ha respondido con más presencia militar en la zona.
El incidente también llamó la atención de Australia, cuyo ministro de Defensa expresó preocupación por la creciente tensión y aseguró que seguirá coordinando con Japón medidas para mantener la estabilidad regional. Estados Unidos, aunque no se ha pronunciado oficialmente sobre este episodio, mantiene en Okinawa la mayor concentración de tropas estadounidenses en el extranjero y observa de cerca cualquier chispa que pueda complicar la situación.
La disputa por las versiones de lo ocurrido agrava un escenario donde cualquier mal cálculo puede tener consecuencias peligrosas. Para Tokio, China está actuando de forma cada vez más agresiva. Para Pekín, Japón está buscando excusas para reforzar su cooperación militar con aliados occidentales. En este contexto, cada incidente aéreo se vuelve un punto más en una escalada que ambas potencias dicen querer evitar, pero que no dejan de alimentar con sus movimientos.
Fuente: Reuters