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La Antártida en pleno verano: así se ven las grandes plataformas de hielo desde el espacio

La imagen del satélite Terra (MODIS) revela en pleno verano austral el borde “vivo” de la Antártida: plataformas gigantes como Ross y Ronne y el hielo marino en remolinos

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Vista satelital de la Antártida durante el verano austral, con plataformas de hielo y hielo marino visibles
Créditos: NASA

En la Antártida, “verano” no significa lo que imagina casi nadie. No es un descanso del frío, sino un cambio de luz y de ritmo. El continente sigue siendo un lugar extremo, pero durante estos días el Sol permite una mirada más completa y, sobre todo, más reveladora: desde el espacio se distinguen mejor las fronteras entre lo fijo y lo que se mueve.

La imagen captura esa idea en bruto. El satélite Terra de la NASA, con el instrumento MODIS, registró una vista en color real durante el primer día completo del verano austral. En la escena se nota cómo el hielo fijo se aferra a los bordes continentales mientras, alrededor, remolinos de hielo marino flotan y se dispersan. No es un bloque inmóvil, es un borde vivo que se reorganiza con corrientes y vientos.

Hay dos protagonistas fáciles de ubicar incluso sin ser experto. En la Antártida Occidental aparecen dos grandes plataformas de hielo: la de Ross, cerca de la parte inferior de la imagen, y la de Ronne, extendiéndose entre la Península Antártica y el mar de Weddell. Son enormes, pero lo importante aquí no es su tamaño como récord, sino que sirven como referencia visual para entender cómo se “pega” el hielo al continente y cómo se abre paso el océano.

El contexto también ayuda a no caer en clichés. La Antártida puede guardar cerca del 90% del agua dulce superficial del planeta en forma de hielo, y aun así se considera un desierto frío. No por falta de agua congelada, sino porque la nieve que cae cada año, medida como lluvia equivalente, es muy baja. Es un territorio dominado por el hielo acumulado durante muchísimo tiempo, no por “precipitaciones constantes” como mucha gente asume.

Un detalle técnico final evita confusiones: las líneas que cruzan el continente no son grietas ni cicatrices reales, sino artefactos de composición. La imagen es un “mosaico”, construido combinando varias pasadas de MODIS para lograr una vista completa. Lo interesante, al final, es que incluso en verano la Antártida se ve como lo que es: un continente de hielo, con márgenes en movimiento y una escala que, de cerca, cuesta entender.

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