El trabajo lo firmaron investigadores del Centro IBS de Física Climática de la Universidad Nacional de Pusan, en Corea del Sur. Para llegar a sus conclusiones, reconstruyeron los patrones climáticos globales de los últimos tres millones de años mediante una simulación paleoclimática avanzada, y cruzaron esos datos con un modelo de capas de hielo de la Universidad Estatal de Pensilvania.
Conviene aclararlo desde el principio: no es un análisis de campo. Es una proyección computacional, aunque de las más ambiciosas que se han intentado en este ámbito.
Lo que encontraron apunta a un umbral concreto: cuando el CO₂ atmosférico cayó por debajo de las 240 partes por millón, el hielo antártico empezó a reaccionar de forma mucho más intensa. Por encima de ese nivel, el sistema era relativamente estable. Por debajo, cualquier perturbación climática producía efectos desproporcionados sobre la masa glaciar.
Ese umbral coincide con la Transición del Pleistoceno Medio, cuando los ciclos glaciales se alargaron y se hicieron más extremos. Varios mecanismos se reforzaron mutuamente: el enfriamiento oceánico redujo el deshielo submarino y el descenso del nivel del mar —entre 50 y 100 metros respecto al actual— alivió la presión sobre el lecho rocoso.
Esa reducción de presión permitió que el terreno se elevara lentamente, engrosando el hielo costero y alimentando un ciclo de crecimiento glaciar sostenido.
"La capa de hielo antártica reacciona con mucha más intensidad a los cambios en el forzamiento climático tras esta transición", explicó la Dra. Kyung-Sook Yun, autora principal. "El sistema no evoluciona gradualmente, sino que se vuelve más sensible al superar un umbral determinado."
Por qué importa ahora
El CO₂ atmosférico actual supera las 420 partes por millón. La dirección es la opuesta a la del Pleistoceno, pero la lógica de los umbrales sigue siendo la misma: el sistema puede parecer estable durante mucho tiempo y luego cambiar de estado con rapidez. Eso es lo que el profesor Axel Timmermann, director del centro y coautor del estudio, quiso subrayar al presentar los resultados.
El estudio no hace predicciones concretas sobre cuándo o cuánto subirá el nivel del mar. Lo que sí señala es que los modelos que asumen una respuesta gradual del hielo antártico pueden estar subestimando la velocidad del cambio. Y que identificar estos umbrales es, en ese sentido, una tarea urgente.