Un nuevo fósil del Triásico acaba de recordar algo importante sobre la evolución: los animales del pasado no siempre encajan con la imagen que tenemos de sus parientes modernos. Un equipo de paleontólogos describió a Labrujasuchus expectatus, un extraño arcosaurio emparentado con la línea de los cocodrilos, pero con un cuerpo que se alejaba muchísimo de cualquier cocodrilo actual.
El animal fue hallado en Ghost Ranch, Nuevo México, uno de los yacimientos fósiles más importantes para entender la vida durante el Triásico. Según el estudio publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, Labrujasuchus vivió hace unos 212 millones de años y pertenecía a los shuvosáuridos, un grupo de antiguos reptiles bípedos, gráciles y desdentados.
Lo más llamativo es su aspecto. Aunque estaba más cerca de los cocodrilos que de los dinosaurios, caminaba sobre dos patas, tenía brazos pequeños y una boca sin dientes que terminaba en una especie de pico. Por eso los investigadores lo comparan con los ornitomimosaurios, dinosaurios posteriores de apariencia parecida a los avestruces.
El hallazgo muestra un caso claro de evolución convergente. Es decir, animales de linajes distintos pueden desarrollar cuerpos parecidos cuando se enfrentan a estilos de vida similares. En este caso, un pariente antiguo de los cocodrilos acabó adoptando una forma corporal que recuerda mucho más a ciertos dinosaurios bípedos que a los cocodrilos de cuatro patas que conocemos hoy.
El nombre también tiene historia. Labrujasuchus hace referencia a “Ranchos de los Brujos”, un antiguo nombre español asociado a Ghost Ranch, y al término griego suchus, usado para cocodrilo. La especie, expectatus, alude a que los paleontólogos esperaban encontrar un fósil de este tipo para llenar un vacío entre otros shuvosáuridos ya conocidos.
El fósil principal consiste en un esqueleto parcial, con huesos de las extremidades, vértebras y partes de la cintura escapular y pélvica. No es un animal conocido por un cráneo completo espectacular, sino por un conjunto de piezas que permiten ubicarlo dentro de los shuvosáuridos y diferenciarlo de especies como Shuvosaurus inexpectatus y Effigia okeeffeae.
La cantera Hayden, donde apareció el fósil, ha producido miles de restos de vertebrados del Triásico. Ese periodo fue una etapa de experimentación evolutiva enorme, anterior al dominio pleno de los dinosaurios. En ese mundo convivían reptiles con planes corporales muy distintos, algunos parecidos a animales modernos y otros difíciles de encajar en categorías simples.
El descubrimiento de Labrujasuchus expectatus ayuda a completar una parte de esa historia. Los shuvosáuridos ya eran conocidos por su rareza, pero esta nueva especie refuerza la idea de que los parientes antiguos de los cocodrilos fueron mucho más variados de lo que sugiere la fauna actual. Algunos no eran depredadores acuáticos de mandíbulas llenas de dientes, sino corredores bípedos con cuerpos ligeros y bocas desdentadas.
También demuestra que Ghost Ranch sigue siendo un lugar clave para la paleontología. Después de décadas de excavaciones, el yacimiento continúa revelando especies nuevas y conexiones evolutivas que ayudan a reconstruir cómo era la vida en los inicios de la era de los dinosaurios.
La imagen final es casi extraña: un “cocodrilo” que no parecía cocodrilo, caminaba como un dinosaurio y vivía en un mundo donde muchas formas animales todavía estaban probando caminos evolutivos. Labrujasuchus expectatus no solo añade una especie nueva al registro fósil. También recuerda que el Triásico fue una época mucho más rara, diversa y sorprendente de lo que solemos imaginar.