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Los trastornos mentales ya son la principal causa de discapacidad en el mundo

Los trastornos mentales se han convertido en la principal causa de discapacidad en el mundo, con un aumento sostenido de casos desde 1990.

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Silueta humana con mente enredada ante un fondo global

Los trastornos mentales ya no pueden tratarse como un problema marginal de salud pública. Una investigación publicada en The Lancet, dentro del programa Global Burden of Disease, estima que alrededor de 1.170 millones de personas vivían con algún trastorno mental en 2023.

El dato refleja una tendencia de largo recorrido. Entre 1990 y 2023, la prevalencia de estas afecciones aumentó un 24 % a nivel mundial, una vez eliminado el efecto del envejecimiento de la población. En términos simples, no se trata solo de que haya más personas en el planeta o más población mayor. Los trastornos mentales están creciendo como carga sanitaria real.

El análisis revisó datos de 204 países y territorios, con información clínica sobre 375 enfermedades y lesiones, incluidos 12 trastornos mentales específicos. Los investigadores midieron no solo cuántas personas los padecen, sino cuánto afectan a la vida cotidiana, al trabajo, a las relaciones y a la capacidad funcional.

Ansiedad y depresión concentran gran parte del aumento

Los resultados muestran que la ansiedad y la depresión son las principales responsables de la carga global. Durante el periodo analizado, los casos detectados de ansiedad aumentaron más de un 65 %, mientras que los diagnósticos de depresión crecieron cerca de un 40 %.

También se observaron incrementos en otros problemas. Los trastornos alimentarios crecieron entre un 17 % y un 22 %, mientras que las afecciones relacionadas con el espectro autista aumentaron alrededor de un 21 %. Parte de este crecimiento puede estar relacionada con una mayor detección, mejores diagnósticos y cambios sociales, pero eso no reduce la dimensión del problema.

El estudio sitúa los trastornos mentales como la principal causa de años vividos con discapacidad en el mundo. Además, pasaron del puesto 12 en 1990 al quinto lugar en 2023 entre las principales causas de carga total de enfermedad, medida en años de vida ajustados por discapacidad.

La adolescencia aparece como una etapa especialmente sensible. La mayor incidencia se concentra entre los 15 y 19 años, una señal que apunta a la necesidad de reforzar la prevención, la detección temprana y el apoyo en colegios, atención primaria y entornos comunitarios.

Una crisis desigual y con poca atención adecuada

El impacto no se reparte igual entre todos. El informe señala que las mujeres presentan tasas más altas de ansiedad y depresión, mientras que los trastornos del neurodesarrollo y del comportamiento, como el TDAH o el autismo, son más frecuentes entre los hombres.

La desigualdad también aparece en el acceso a tratamiento. A nivel global, apenas alrededor del 9 % de las personas con depresión o ansiedad recibe atención adecuada. En algunos países de bajos ingresos, esa proporción puede caer por debajo del 5 %.

Esa brecha cambia la lectura del problema. No basta con decir que hay más diagnósticos o más conciencia sobre salud mental. Si la mayoría de las personas afectadas no recibe atención suficiente, el sistema no está respondiendo al tamaño real de la crisis.

Los autores advierten que parte del aumento puede explicarse por cambios demográficos, diagnósticos más precisos y las consecuencias de la pandemia de covid-19. También reconocen limitaciones importantes, como la falta de datos suficientes en unos 75 países, principalmente de ingresos bajos y medios.

Aun con esas limitaciones, la conclusión es difícil de esquivar. La idea de que la salud mental es un problema lejano, ajeno o minoritario cada vez tiene menos sentido. Los trastornos mentales afectan a una parte enorme de la población mundial y ya son una de las grandes cargas sanitarias de nuestro tiempo.

La respuesta, según los investigadores, debe pasar por sistemas de vigilancia más sólidos, prevención temprana, atención adaptada por edad y sexo, y políticas públicas capaces de reducir una brecha de tratamiento que sigue siendo demasiado amplia. Atender la salud mental global ya no aparece como una opción secundaria, sino como una obligación sanitaria básica.

Temas: Salud

Fuentes

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WIRED

es.wired.com/

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