Durante la última década, la falla principal de Mármara, situada bajo el mar del mismo nombre en el noroeste de Turquía, ha mostrado un comportamiento sísmico que preocupa cada vez más a la comunidad científica. Un nuevo estudio publicado en Science analiza casi veinte años de datos y concluye que los terremotos moderados en la región se están desplazando de forma progresiva hacia el este, en dirección a Estambul.
El punto culminante de esta secuencia es el terremoto de magnitud 6,2 ocurrido en abril de 2025, el mayor registrado en la zona en más de 60 años. Aunque no causó una catástrofe en la megaciudad, sí afectó a una sección clave de la falla que conecta con el segmento actualmente bloqueado al sur de Estambul, considerado el más peligroso de toda la región.
Los investigadores observaron que, desde alrededor de 2011, varios terremotos de magnitud superior a 5 han ido activándose de oeste a este a lo largo de la falla. Este patrón no es aleatorio: comienza en zonas donde la falla se desliza lentamente y avanza hacia áreas donde la energía tectónica se acumula sin liberarse, aumentando el riesgo de un terremoto mayor.
Una de las conclusiones más relevantes del estudio es que estos terremotos no solo liberan energía localmente, sino que también transfieren tensiones a los segmentos vecinos. En el caso de Mármara, esa transferencia parece estar cargando de forma progresiva la sección bloqueada situada frente a Estambul, una zona capaz de generar un terremoto de magnitud cercana a 7.
El análisis de las réplicas del terremoto de 2025 refuerza esta preocupación. Muchas de ellas se concentraron hacia el este del epicentro, acercándose a una franja de la falla que lleva años mostrando una actividad sísmica inusualmente baja. En estudios anteriores, zonas “silenciosas” similares han resultado ser el origen de terremotos importantes.
Además, los científicos detectaron un efecto de directividad en la ruptura sísmica. Esto significa que la energía del terremoto se propagó de forma preferente hacia el este, generando movimientos del suelo más intensos en esa dirección. Si un futuro terremoto más grande siguiera este mismo patrón, Estambul podría verse especialmente afectada, incluso si el epicentro no estuviera directamente bajo la ciudad.
Los autores subrayan que estos resultados no permiten predecir cuándo ocurrirá un gran terremoto, pero sí ayudan a identificar qué partes de la falla están entrando en un estado de tensión cada vez más crítico. En una región densamente poblada como Estambul, esta información es clave para evaluar el riesgo y mejorar la preparación.
Por este motivo, el estudio insiste en la importancia de reforzar el monitoreo sísmico en tiempo real bajo el mar de Mármara. Nuevas estaciones submarinas, sensores en perforaciones profundas y sistemas basados en fibra óptica permitirían detectar cambios en la actividad de la falla con mayor precisión y rapidez.
En conjunto, la investigación dibuja un escenario claro: la falla de Mármara no está quieta, sino avanzando paso a paso hacia su segmento más peligroso. Aunque no se sabe cuándo llegará el próximo gran terremoto, la progresión observada indica que la región se encuentra en una fase crítica de su ciclo sísmico, con implicaciones directas para el futuro de Estambul y sus millones de habitantes.
Fuente: Science