La Organización Mundial de la Salud elevó a “muy alto” el nivel de riesgo nacional por el brote de ébola Bundibugyo en República Democrática del Congo. La decisión llega mientras el virus se propaga con rapidez en el país y ya se han notificado casos en Uganda.
Según la OMS, hasta ahora se han confirmado 82 casos y siete muertes en RDC, aunque el organismo también habla de cerca de 750 casos sospechosos y 177 muertes sospechosas. En Uganda, la situación se mantiene más estable, con dos casos confirmados y un fallecimiento notificado.
El riesgo regional se mantiene alto y el riesgo mundial bajo, un matiz importante para evitar lecturas alarmistas. La preocupación principal está en las zonas afectadas, especialmente por la rapidez de transmisión, las dificultades de detección y el contexto de conflicto en algunas provincias congoleñas.
El brote está causado por el virus Bundibugyo, una especie del ébola identificada por primera vez en Uganda en 2007. A diferencia de otras formas del virus para las que existen herramientas más desarrolladas, esta cepa no cuenta actualmente con una vacuna ni con un tratamiento autorizado específico, lo que complica la respuesta sanitaria.
Los primeros síntomas pueden confundirse con enfermedades frecuentes en la región, como malaria, dengue o fiebre tifoidea. La enfermedad puede comenzar con fiebre alta, fatiga intensa, dolor muscular y articular, dolor de cabeza y dolor de garganta. Esa fase inicial dificulta detectar los casos a tiempo si no hay vigilancia epidemiológica fuerte.
Cuando la infección avanza, pueden aparecer vómitos, diarrea severa, dolor abdominal, erupciones cutáneas, problemas renales o hepáticos y, en algunos pacientes, sangrado por encías, nariz, vómitos o heces. La atención temprana con cuidados de soporte, hidratación, oxígeno y control de complicaciones puede mejorar las posibilidades de supervivencia.
El ébola no se transmite por el aire como la gripe, el sarampión o la covid. El contagio ocurre mediante contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas o fallecidas, o con objetos contaminados. La OMS recuerda además que una persona solo transmite el virus cuando empieza a desarrollar síntomas.
La respuesta sanitaria se apoya ahora en medidas de barrera, rastreo de contactos, detección rápida y aislamiento de casos. Sin una vacuna aprobada para Bundibugyo, cortar las cadenas de transmisión depende de encontrar pronto a los enfermos, proteger al personal sanitario y mantener la confianza de las comunidades afectadas.
El brote también muestra por qué no todos los riesgos sanitarios se parecen. Para la población general fuera de la región afectada, el riesgo sigue siendo bajo. Pero dentro de las zonas con transmisión, la combinación de una cepa sin vacuna específica, síntomas iniciales poco claros y sistemas sanitarios bajo presión hace que la situación sea especialmente delicada.