Un estudio internacional publicado en Nature ha logrado adelantar casi mil millones de años la aparición de las primeras células complejas. Según este trabajo, los eucariotas comenzaron a desarrollarse hace unos 2.900 millones de años, en un momento en el que la atmósfera apenas contenía oxígeno y los océanos eran completamente anóxicos. El resultado rompe con la idea tradicional de que la complejidad celular dependía de un entorno rico en oxígeno.
Durante cientos de millones de años, la Tierra estuvo habitada únicamente por organismos procariotas: bacterias y arqueas. Estas formas de vida simples dominaron el planeta desde hace más de 4.000 millones de años. Su estructura carecía de núcleo y compartimentos internos, pero sentó las bases para uno de los saltos evolutivos más importantes: la aparición de células con mayor organización interna.
El equipo investigador combinó secuencias genéticas de cientos de especies modernas con el registro fósil disponible. Con esa información construyeron un árbol evolutivo fechado, un método que permite estimar el momento aproximado en el que surgieron rasgos y funciones claves dentro de la célula. Para ello analizaron más de cien familias de genes relacionados con procesos fundamentales, como el transporte de moléculas mediante vesículas o la regulación interna de la célula.
Uno de los descubrimientos más llamativos fue que el núcleo celular y otras estructuras internas aparecieron mucho antes que las mitocondrias. Esto sugiere que la complejidad no llegó de golpe, sino a través de una acumulación gradual de innovaciones que se extendieron durante cientos de millones de años. Además, contradice la visión clásica que asociaba el origen de los eucariotas a la integración temprana de las mitocondrias.
A partir de los datos, los científicos descartaron varios modelos propuestos para explicar cómo surgió la vida compleja y presentaron un nuevo escenario llamado CALM (Arqueón Complejo, Mitocondria Tardía). Este modelo plantea que el ancestro de los eucariotas ya había desarrollado un nivel considerable de complejidad antes de adquirir la mitocondria, un evento que ocurrió más tarde y coincidió con el primer gran aumento del oxígeno atmosférico.
El estudio conecta directamente la evolución biológica con la historia geoquímica del planeta. Según los autores, los primeros pasos hacia la vida compleja ocurrieron en un mundo casi sin oxígeno, lo que obliga a replantear cómo se originaron algunas de las funciones celulares más importantes y cómo evolucionaron los primeros organismos capaces de organizarse internamente.