Un estudio internacional liderado por la Universidad de Berna muestra que las especies invasoras no alteran los ecosistemas de manera uniforme ni permanente. Los investigadores hallaron que el tiempo que transcurre desde la llegada de una especie exótica es un factor determinante para entender cómo cambian la biodiversidad y las funciones ecológicas.
El trabajo, publicado en la revista Science y realizado junto con la Universidad de Constanza en Alemania y la Universidad Forestal del Noreste de China, analizó más de 770 estudios y 2.200 resultados sobre plantas, animales y microorganismos invasores. La conclusión es clara: los impactos no son estáticos, sino que evolucionan con el tiempo y varían según el tipo de invasión y el ecosistema afectado.
El profesor Madhav P. Thakur, del Instituto de Ecología y Evolución de Berna, explicó que las invasiones biológicas dejan “una huella temporal” que puede intensificarse o atenuarse según la duración de la presencia de la especie invasora. Por ejemplo, las plantas exóticas tienden a reducir la diversidad vegetal nativa, y esa pérdida se agrava con los años.
El estudio también encontró que algunos efectos abióticos, como los cambios en el carbono o el nitrógeno del suelo, pueden estabilizarse después de seis a diez años. Esto demuestra que los ecosistemas poseen cierta capacidad de adaptación, aunque no siempre logran recuperar su equilibrio original.
Los investigadores destacan que las plantas y animales invasores pueden estar vinculados a mayores emisiones de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Si se confirma esta relación, el control de las invasiones podría convertirse en una herramienta adicional contra el cambio climático.
El análisis también refuta varias ideas tradicionales. La supuesta “resistencia biótica”, es decir, la creencia de que los ecosistemas con alta diversidad nativa son menos vulnerables a las invasiones, no se cumple de forma general. Tampoco las características físicas de las especies invasoras permiten predecir con exactitud su impacto ambiental.
El mensaje del estudio es directo: actuar rápido es fundamental. Cuanto más tiempo se permita que una especie invasora permanezca en un hábitat, mayor será su capacidad de alterar el equilibrio ecológico y de desplazar a las especies nativas. Por eso, los autores recomiendan priorizar la prevención y la eliminación temprana.
Para el profesor Thakur, el tiempo es “el eje subestimado del impacto de las invasiones”. Comprender ese ritmo permitirá diseñar políticas de conservación más efectivas y sostenibles, capaces de anticiparse a los daños antes de que se vuelvan irreversibles. En sus palabras, “proteger la biodiversidad nativa exige paciencia, monitoreo y acción oportuna”.