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Yakarta construye un muro contra el mar, pero el problema real está bajo tierra

El Gran Muro Marino avanza en Yakarta, pero el hundimiento continúa porque la causa principal no está en la costa, sino en la extracción masiva de agua subterránea.

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Yakarta vista aérea con costa y edificios junto al mar
Imagen ilustrativa. Créditos: Iceebook

La respuesta visible al problema de Yakarta es el proyecto NCICD, una combinación de diques costeros, drenaje mejorado y barreras frente al mar. En 2023 ya se habían construido más de ocho kilómetros de defensas. La lógica es clara: contener el agua que llega desde fuera. Lo que no aborda directamente es lo que ocurre dentro del suelo.

El dato más revelador no es la subida del nivel del mar, sino la velocidad a la que desciende la propia ciudad. En algunas zonas del norte, el terreno se hunde entre 15 y 25 centímetros al año. Incluso cifras más moderadas, como los 3,9 centímetros de media anual, implican una pérdida acumulada significativa. En términos prácticos, significa que el hundimiento de la ciudad avanza más rápido de lo que sube el agua.

Ese descenso no es un fenómeno natural aislado. Está directamente ligado a la extracción de agua subterránea. Cuando la red pública no cubre la demanda, la ciudad recurre al subsuelo. El resultado es que los acuíferos se vacían y el terreno pierde soporte, provocando un colapso progresivo. Es un proceso invisible, pero estructural.

El déficit de agua explica esta dinámica. Yakarta necesita alrededor de 33 metros cúbicos por segundo de agua limpia, pero su sistema público solo puede suministrar poco más de 21. La diferencia, cercana a 12 metros cúbicos por segundo, no es un dato técnico menor. Representa una presión constante que empuja a hogares y empresas a seguir perforando el suelo.

Las autoridades han intentado limitar esta dependencia con zonas donde se prohíbe el uso de agua subterránea y nuevas normativas sobre eficiencia. También se han ampliado infraestructuras y zonas verdes. Son medidas reales, pero actúan sobre el consumo sin resolver completamente la escasez que lo provoca. La demanda sigue superando a la oferta.

Aquí aparece la contradicción central. Mientras se invierte en infraestructuras costeras para frenar el mar, el propio terreno sigue cediendo por razones internas. Un muro puede reducir inundaciones temporales, pero no detiene el hundimiento. Si el suelo desciende, cualquier barrera pierde eficacia con el tiempo.

El impacto acumulado ya es visible. Algunas áreas costeras han descendido hasta 4,5 metros en medio siglo. Este dato no solo refleja el pasado, también indica la escala del problema. A medida que el nivel del mar continúa aumentando, la combinación de ambos procesos multiplica el riesgo de inundaciones permanentes.

El horizonte de 2050 introduce una presión adicional. No se trata de una fecha simbólica, sino de un límite operativo para adaptar infraestructuras, red de agua y modelo urbano. Si no se reduce la extracción subterránea y se amplía el suministro sostenible, las soluciones actuales quedarán desbordadas por el propio ritmo del hundimiento.

Yakarta no enfrenta únicamente una amenaza externa que pueda contenerse con ingeniería costera. El problema es más profundo y menos visible: una ciudad que depende de un recurso que, al utilizarlo, debilita el suelo sobre el que se sostiene. Mientras esa relación no cambie, cualquier muro será una solución parcial frente a una causa que sigue activa bajo la superficie.

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