El equipo, dirigido por el geocientífico Max Lloyd, analizó madera subfósil conservada en distintos lugares del continente, incluidas muestras de los pozos de brea de La Brea, en California. Los resultados mostraron que los árboles de esa época presentaban tasas elevadas de fotorrespiración, un proceso mediante el cual las plantas liberan CO₂ en lugar de absorberlo.
Lloyd explicó que este fenómeno actuó como un mecanismo de equilibrio natural que impidió que el nivel de dióxido de carbono descendiera por debajo del umbral crítico para la vida vegetal. “Las plantas devolvían parte del CO₂ que absorbían, manteniendo una temperatura compatible con la supervivencia de los ecosistemas”, señaló el investigador.
El estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, empleó una técnica innovadora basada en el análisis de isótopos agrupados para medir la fotorrespiración en árboles antiguos. Al compararlos con ejemplares modernos, el equipo comprobó que los bosques del Pleistoceno eran menos eficientes en la fijación de carbono debido al frío y a la escasez de CO₂ atmosférico.
Los científicos describen este proceso como un “freno biológico” que evitó un enfriamiento global severo. Al reducir su capacidad de almacenar carbono, los árboles devolvían parte del gas a la atmósfera, estabilizando el sistema climático y permitiendo que la vida persistiera durante miles de años de glaciación.
Para los autores, comprender cómo la vegetación prehistórica reguló el clima ofrece pistas valiosas sobre el futuro. En un contexto actual de emisiones crecientes, estudiar cómo las plantas respondieron a condiciones extremas permite anticipar su papel en el cambio climático contemporáneo.
Regan Dunn, del Museo y Pozos de Alquitrán de La Brea, destacó que estas muestras son un recurso excepcional para entender la interacción entre clima y vegetación. “Los bosques antiguos no solo resistieron las glaciaciones, sino que ayudaron a mantener estable el clima terrestre”, afirmó.
El hallazgo refuerza la idea de que los ecosistemas pueden autorregular el clima a largo plazo, aunque ese equilibrio natural se ve amenazado por la rápida alteración ambiental provocada por la actividad humana.
Fuente: Penn State University