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Los árboles podrían guardar menos carbono del que calculan los modelos climáticos

Contar con los árboles como grandes aliados climáticos exige una pregunta incómoda: cuánto del CO₂ que absorben queda realmente guardado a largo plazo.

4 min lectura
Bosque de montaña cubierto por niebla entre colinas arboladas.

Parece de cajón: un árbol que hace la fotosíntesis es un árbol que crece. Absorbe luz y dióxido de carbono, fabrica azúcares, los convierte en madera y deja ese carbono encerrado en el tronco durante décadas o siglos. Es una historia limpia y, sobre ella, descansa buena parte de nuestra confianza en los bosques como freno al cambio climático.

El problema es que, según un nuevo estudio publicado en Science Advances, esa historia no es del todo cierta. Un equipo de la Universidad de Columbia descubrió que los robles siguen haciendo la fotosíntesis durante meses después de haber dejado de crecer. Y eso, que suena a detalle de botánica, podría significar que los bosques guardan bastante menos carbono del que calculan los modelos climáticos.

Fotosíntesis sí, madera no

La clave del hallazgo es que dos cosas que creíamos pegadas en realidad van por separado: absorber carbono y fabricar madera. Un árbol puede tener las hojas a pleno rendimiento, tragando CO₂ del aire, mientras en el interior del tronco la producción de madera de la temporada ya se ha parado en seco.

Y no es poca cosa. En los robles del este de Estados Unidos, el crecimiento ocurría de mayo a julio, pero la fotosíntesis seguía hasta bien entrado octubre: alrededor del 36 % del carbono que captaban en todo el año lo absorbían después de haber dejado de crecer. En California el patrón se repetía con otro calendario, con un 26 % de la captura anual produciéndose una vez detenido el crecimiento.

¿Por qué se separan? Por el agua. Para fabricar madera, el árbol necesita presión interna de agua que hinche y expanda sus células. En cuanto llega el calor y la sequía, esa presión cae y el crecimiento se detiene casi al instante; la fotosíntesis, en cambio, es más resistente y sigue funcionando a ritmo algo menor. El resultado es un árbol que sigue capturando carbono pero ya no lo está convirtiendo en tronco.

¿Adónde va ese carbono "sobrante"?

El carbono no se desperdicia, pero acaba en sitios mucho menos duraderos que la madera. Va a las hojas, a las raíces, a reservas temporales de almidón, a compuestos que alimentan a los microbios del suelo o simplemente a mantener vivas las células durante el invierno.

Y ahí está el matiz que importa para el clima: no todo el carbono es igual de útil. El que queda guardado en la madera puede permanecer atrapado siglos, pero el que va a hojas, azúcares o tejidos efímeros regresa a la atmósfera mucho antes. Es la diferencia entre meter el CO₂ en una caja fuerte o dejarlo en un cajón que se abre solo en unos meses.

Por qué esto descoloca a los modelos

Casi todos los modelos climáticos parten de una premisa cómoda: que el aumento de CO₂ en la atmósfera hará que los árboles fotosinteticen más, crezcan más y, por tanto, almacenen más carbono, compensando parte de lo que emitimos. Es el llamado "efecto fertilización". Este estudio le mete el dedo en la llaga. "La mayoría de los modelos asumen que si hay fotosíntesis, hay crecimiento. Hemos descubierto que no es así", resume el autor principal, Mukund Palat Rao.

Si más fotosíntesis no se traduce automáticamente en más madera, esos modelos podrían estar sobrestimando cuánto carbono retendrán los bosques en el futuro. Y hay un agravante: la desconexión entre absorber y crecer era mayor justo en los años de clima inestable, con saltos bruscos entre sequía y humedad, precisamente el tipo de tiempo que el cambio climático promete volver más frecuente.

Conviene no exagerar: esto no significa que los bosques dejen de servir, ni los autores lo plantean así. Por ahora solo lo han visto en robles, y están investigando si ocurre igual en otras especies y regiones. Pero la idea de fondo incomoda y es importante: quizá hemos estado contando con que los árboles guardarían más carbono del que de verdad pueden, y conviene afinar las cuentas antes de apoyarnos demasiado en ellos.

Fuentes

1
Science

www.science.org/doi/10.1126/sciadv.ady7139

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