Nuestro cerebro no solo reconoce voces humanas. Un trabajo de la Universidad de Ginebra (UNIGE) muestra que algunas áreas de la corteza auditiva reaccionan con fuerza ante las vocalizaciones de los chimpancés, algo que no ocurre con los sonidos de otros primates. El hallazgo abre una ventana inesperada sobre cómo pudo surgir el reconocimiento de voz mucho antes del lenguaje humano.
Para entenderlo, el equipo comparó cómo responde el cerebro a diferentes vocalizaciones: humanas, chimpancés, bonobos y macacos. Todos son primates, pero sus “voces” son distintas. Los investigadores querían saber si nuestro cerebro conserva aún alguna sensibilidad especial hacia especies evolutivamente cercanas.
En el experimento participaron 23 voluntarios. Mientras escuchaban los sonidos de cada especie, los científicos midieron la actividad cerebral con resonancia magnética funcional. El resultado llamó la atención: la circunvolución temporal superior, una región clave en el procesamiento del lenguaje, la música y las emociones, mostró una respuesta clara y diferenciada a las vocalizaciones de los chimpancés.
Esa reacción no se repitió con los bonobos, una especie igual de cercana a nosotros en términos genéticos, pero cuyas vocalizaciones tienen características acústicas muy distintas. Esto sugiere que el cerebro humano responde no solo a la proximidad evolutiva, sino también a la similitud sonora.
Los investigadores creen que esta sensibilidad podría ser un vestigio antiguo de nuestros orígenes, una pista de cómo se formaron las bases neuronales de la comunicación vocal. Algunas zonas cerebrales podrían haberse especializado en identificar las voces de los congéneres más cercanos mucho antes de que el lenguaje articulado apareciera en nuestra especie.
También abre preguntas sobre el desarrollo del reconocimiento de voz en la infancia. Si el cerebro humano adulto aún reacciona a vocalizaciones no humanas, quizá estas capacidades básicas estén presentes desde muy temprano en la vida, influyendo en cómo los bebés aprenden a distinguir voces familiares.
Para los autores, el estudio demuestra algo clave: parte de nuestra habilidad para reconocer voces no es exclusiva del lenguaje humano, sino que comparte raíces con otros grandes simios. La comunicación vocal que hoy damos por sentada podría tener un origen mucho más antiguo y profundo en la historia evolutiva.
Fuente: Université de Genève