El ejército israelí mantuvo su presión sobre la ciudad de Gaza con una serie de bombardeos nocturnos que sacudieron barrios enteros. La operación precede a la reunión del primer ministro Benjamin Netanyahu con su gabinete de seguridad, donde se espera que se apruebe formalmente la ofensiva terrestre contra la urbe más poblada del enclave.
Un día antes, el gobierno convocó a 60.000 reservistas, un movimiento que refleja la determinación de avanzar con los planes pese a la condena internacional. Un oficial militar aclaró que no todos estos reservistas irán al frente, pero la magnitud del llamado muestra el nivel de preparación que se está poniendo en marcha.
La movilización, sin embargo, tardará semanas en completarse, lo que otorga a los mediadores internacionales una ventana para impulsar un cese del fuego temporal. Hamás ya ha aceptado una propuesta que incluye una tregua de 60 días y la liberación de rehenes, pero Israel aún no ha dado una respuesta oficial.
La iniciativa contempla la liberación de 10 rehenes vivos y 18 cuerpos retenidos por Hamás, a cambio de 200 prisioneros palestinos de larga condena en cárceles israelíes. El gobierno de Netanyahu insiste en que los restantes 50 rehenes deben ser liberados de inmediato, lo que complica el avance de las negociaciones.
En medio de la devastación, cientos de palestinos salieron a las calles en una manifestación poco común en la propia ciudad de Gaza. Portaban pancartas con frases como "Salven Gaza, ya basta" y "Gaza muere entre matanza, hambre y opresión". El periodista Tawfik Abu Jarad declaró que el momento de las palabras había terminado y que solo la acción internacional podía detener lo que calificó como un genocidio diario.
El plan militar fue aprobado a inicios de mes por el gabinete de seguridad. Ahora Netanyahu debe dar luz verde a la fase operativa, que comenzaría con advertencias a los civiles para que evacúen hacia el sur. Mientras tanto, voces de sus socios más radicales en la coalición le exigen que rechace cualquier tregua temporal y avance con la anexión del territorio.
Miles de palestinos ya han abandonado sus hogares, sobre todo en los barrios de Sabra y Tuffah, blanco de bombardeos intensos. Algunos se han refugiado en instalaciones improvisadas a lo largo de la costa, otros en refugios del centro y sur del enclave. "Estamos condenados a elegir entre morir en casa o en el camino", relató Rabah Abu Elias, un padre de siete hijos de 67 años.
El ejército israelí, a través de su portavoz Avichay Adraee, difundió mensajes en redes sociales y llamadas directas a instituciones médicas del norte de Gaza, advirtiendo que debían prepararse para evacuar. También indicó que hospitales del sur deberían recibir a pacientes trasladados forzosamente desde el norte. Reuters no pudo verificar de manera independiente la autenticidad de esas llamadas.
A la par de los combates, la crisis humanitaria sigue empeorando. El Ministerio de Salud de Gaza informó que dos personas más murieron de hambre en las últimas 24 horas, lo que eleva la cifra de fallecidos por desnutrición a 271, incluidos más de un centenar de niños. Israel cuestiona estas cifras, pero las organizaciones humanitarias alertan de una catástrofe silenciosa.
Mientras los tanques continúan avanzando hacia la periferia de la ciudad, la incertidumbre crece entre quienes aún permanecen allí. En las calles se habla de una tregua, pero lo que se escucha son explosiones. La ofensiva parece inminente y el destino de miles de civiles sigue pendiendo de decisiones políticas que todavía no se han tomado.