Venecia ha sido el escenario de un creciente malestar ciudadano tras la fastuosa boda de Jeff Bezos, fundador de Amazon, y Lauren Sánchez. Durante tres días, miles de manifestantes salieron a las calles con pancartas como “No hay espacio para Bezos”, denunciando la gentrificación, el turismo de élite y la exclusión social que afecta a la ciudad lagunar.
Las protestas, que incluyeron una marcha desde la estación de tren hasta el emblemático Puente de Rialto, reunieron a residentes, estudiantes y activistas preocupados por el encarecimiento de los alquileres, la expulsión de familias jóvenes y la creciente brecha entre quienes viven de la economía local y quienes solo disfrutan del escenario veneciano como un parque temático para multimillonarios.
“Venecia se está vaciando, la vida cotidiana se vuelve insostenible y la ciudad se transforma en un decorado para ricos y turistas”, denunció Tommaso Cacciari, líder del movimiento No Space for Bezos. Las pancartas también aludieron a la responsabilidad de los grandes fortunas en el deterioro ambiental y a las donaciones filantrópicas del magnate, que algunos calificaron de “hipocresía” frente a la contaminación generada por aviones privados y yates de lujo.
La pareja Bezos-Sánchez, que donó millones de euros a instituciones locales como la UNESCO y universidades venecianas, se vio obligada a trasladar la última fiesta a una zona menos céntrica ante la presión social y mediática. Sin embargo, los empresarios y autoridades regionales defendieron el evento, destacando su impulso económico y la proyección internacional de Venecia como destino de bodas de alto perfil.
Mientras tanto, el centro histórico de Venecia continúa perdiendo habitantes a un ritmo alarmante: menos de 50.000 residentes frente a los más de 100.000 de hace medio siglo. Los jóvenes y las familias denuncian que no pueden permitirse vivir en la ciudad, desplazados por el auge de los alquileres turísticos y la especulación inmobiliaria.
El malestar por la boda de Bezos se enmarca en un contexto de crecientes tensiones por el turismo de masas, la desigualdad y la precarización laboral. El vínculo del magnate con el expresidente Donald Trump, presente en la ceremonia junto a Ivanka Trump y Jared Kushner, añadió un matiz político a la protesta, reforzando la crítica al poder corporativo y la influencia de las élites.
Las manifestaciones en Venecia, amplificadas en redes sociales bajo el lema “No hay espacio para Bezos”, reflejan un movimiento ciudadano más amplio que exige ciudades más justas, accesibles y sostenibles. Las consignas también apuntaron a la necesidad de reformar la política turística, proteger la vivienda y garantizar la diversidad social y cultural.
A pesar del descontento, algunos sectores defendieron la celebración y su impacto económico. Pero la protesta ha dejado claro que la convivencia entre residentes y turistas, así como la gestión de la riqueza, sigue siendo uno de los mayores retos para el futuro de Venecia y otras grandes ciudades globales.
Fuente: Reuters