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No todas las presas alimentan igual: el valor energético de los peces puede variar drásticamente incluso dentro de una misma especie

Un hallazgo sorprendente muestra que la energía de una presa no depende solo del tamaño o la especie, sino también de factores ambientales y estacionales

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

3 min lectura

Madres leonas marinas descansan junto a sus crías en la isla San Miguel, mientras los investigadores observan su comportamiento y alimentación
Madres leonas marinas y sus crías en la isla San Miguel. Crédito: Anthony Orr, NOAA Fisheries; permisos NMFS 782-1812, 16087, 22678.

Un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Diego descubrió que no todas las presas marinas son iguales en valor energético, incluso dentro de una misma especie. El hallazgo desafía la idea tradicional de que peces de tamaño y peso similares aportan la misma cantidad de energía a los depredadores, y plantea nuevas preguntas sobre la estabilidad de las redes alimentarias marinas.

El estudio se centró en especies comunes como la anchoveta, la sardina del Pacífico y el calamar, fuentes clave de alimento para mamíferos y aves marinas. A través de mediciones precisas de densidad energética, el equipo descubrió variaciones notables entre ejemplares aparentemente idénticos, lo que sugiere que los depredadores deben consumir más presas de baja calidad para obtener el mismo nivel de energía.

Durante una ola de calor marina que afectó al Pacífico norte en la década pasada, muchos leones marinos y aves murieron por falta de alimento. Los científicos creen que, además de escasez, hubo una pérdida de calidad nutricional en las presas, un factor que ahora se revela más decisivo de lo que se pensaba.

La investigadora Stephanie Nehasil recolecta muestras de excrementos de leones marinos en la isla San Nicolás
Stephanie Nehasil recolecta muestras de excrementos de leones marinos en la isla San Nicolás. Crédito: Greg Sanders, Marina de los EE. UU. (retirado); permiso NMFS n.° 19091-01.

La calidad de la presa cambia según la región, la estación y la madurez del pez

Los investigadores determinaron que la cantidad de energía que aporta una presa no solo depende del tamaño, sino también del entorno en el que vive. La productividad oceánica regional, las estaciones del año y la etapa de vida influyen en el contenido graso y proteico de los peces, lo que a su vez determina cuánta energía obtiene un depredador por cada captura.

Por ejemplo, una sardina madura que ha invertido energía en reproducirse puede tener menor densidad calórica que una joven, aunque ambas pesen lo mismo. De igual forma, en aguas menos ricas en nutrientes, los peces tienden a presentar menos grasa acumulada, reduciendo su valor alimenticio.

“Dos peces idénticos en tamaño pueden ser tan diferentes como una barra energética y una tostada sin mantequilla”, explicó Stephanie Nehasil, autora principal del estudio. “Esto cambia por completo cómo entendemos la dieta y supervivencia de los depredadores marinos”.

Un nuevo enfoque para entender el equilibrio energético de los océanos

Los resultados, publicados en el Journal of Animal Ecology, permitirán ajustar los modelos que describen el equilibrio energético de los ecosistemas marinos. Hasta ahora, los científicos asumían que los depredadores obtenían el mismo beneficio al consumir presas de igual tamaño y especie, pero el nuevo enfoque sugiere que esa suposición puede ser engañosa.

Los investigadores señalan que comprender estas diferencias ayudará a predecir mejor cómo responderán las poblaciones marinas ante el cambio climático y las alteraciones del océano. Si las aguas más cálidas reducen el valor energético de las presas, los depredadores podrían necesitar más alimento del disponible, alterando toda la cadena trófica.

Los autores destacan que esta información es esencial para la gestión pesquera y la conservación marina. “Cada pequeña diferencia en la calidad de la presa puede tener un efecto acumulativo enorme sobre todo el ecosistema”, concluyó Carolyn Kurle, coautora del estudio. “Comprender esa complejidad es clave para proteger la vida en el océano”.

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