Un equipo de la Universidad de Arizona ha probado una tecnología que combina drones con radar de penetración terrestre para estudiar glaciares cubiertos de escombros en Alaska y Wyoming. Estos entornos funcionan como análogos naturales de formaciones similares detectadas en Marte, donde el hielo no siempre está expuesto y puede permanecer oculto durante largos periodos.
A diferencia de la imagen clásica de glaciares visibles y cubiertos de nieve, muchos están completamente ocultos bajo capas de roca y sedimentos. Ese recubrimiento no solo cambia su aspecto, también actúa como una barrera que protege el hielo del calor y ralentiza su deshielo, lo que complica su detección con métodos convencionales.
El radar montado en drones permite atravesar esas capas y analizar lo que hay debajo con bastante precisión. Según el estudio, es posible medir el grosor de los escombros y localizar el hielo sin necesidad de perforar directamente, algo clave si se quiere tomar decisiones sobre dónde intervenir en futuras misiones.
Para validar el sistema, los investigadores compararon los datos obtenidos por radar con mediciones reales realizadas mediante perforaciones y excavaciones. Los resultados coincidieron, lo que confirma que la tecnología funciona en condiciones reales y no solo en entornos controlados o simulaciones.
El interés principal está en Marte. Allí existen depósitos de hielo similares en latitudes medias, cubiertos por polvo y rocas. Los instrumentos actuales en órbita pueden detectar grandes masas de hielo, pero no ofrecen detalles precisos sobre su profundidad, su accesibilidad o la estructura interna que podría tener.
Aquí es donde los drones pueden aportar una ventaja clara. Al operar a baja altura, generan mapas mucho más detallados del subsuelo y permiten identificar zonas donde el hielo está más cerca de la superficie, evitando perforaciones innecesarias o mal dirigidas.
El hielo marciano es uno de los recursos más valiosos para futuras misiones. Puede utilizarse como agua potable, servir para generar oxígeno o incluso producir combustible. Además, conserva información sobre el pasado climático del planeta, lo que lo convierte en una pieza clave para entender su evolución.
Otro punto relevante es la capacidad del radar para detectar capas internas dentro del hielo. Estas capas funcionan como registros naturales del clima, acumulando información a lo largo de siglos o milenios, lo que podría ofrecer pistas sobre cómo ha cambiado Marte a lo largo del tiempo.
El trabajo de campo tampoco fue sencillo. El equipo tuvo que desplazarse por terrenos complicados, entre rocas y zonas montañosas, donde el uso de drones no solo facilitó el trabajo, sino que permitió acceder a áreas que habrían sido difíciles o peligrosas de estudiar directamente.
Más allá del experimento, el avance cubre un vacío importante entre las observaciones desde el espacio y la exploración en superficie. Es un paso intermedio que puede ayudar a planificar mejor futuras misiones humanas, reduciendo la incertidumbre antes de perforar y aumentando las probabilidades de encontrar hielo útil.