La idea de dotar a ChatGPT de un “cuerpo” ya no es solo una especulación futurista. Según un reporte de Bloomberg, OpenAI ha comenzado a explorar acuerdos con compañías especializadas en robótica y hardware con el objetivo de trasladar sus sistemas de IA del entorno digital al mundo físico.
El movimiento responde a una lógica clara: depender casi exclusivamente del software y de las suscripciones limita el crecimiento y deja a la empresa expuesta a unos costos operativos cada vez más elevados. La robótica aparece así como una vía para diversificar ingresos y abrir un nuevo frente industrial.
De acuerdo con la información publicada, OpenAI habría enviado propuestas a fabricantes estadounidenses de chips de silicio, motores eléctricos, sistemas de refrigeración y empresas dedicadas a la automatización y la robótica aplicada a almacenes.
El objetivo no sería únicamente desarrollar robots, sino construir una cadena de suministro completa en Estados Unidos orientada al hardware de consumo, la robótica y los centros de datos, en un contexto de creciente presión política por reducir la dependencia de proveedores extranjeros.
Este interés ha reavivado las especulaciones sobre un posible desembarco directo de OpenAI en el mercado de la robótica, más allá de su papel tradicional como desarrollador de modelos de inteligencia artificial. La empresa ya había experimentado con robots en sus primeros años, antes de abandonar esa línea en 2021 para concentrarse en ChatGPT y otros modelos.
En 2024, sin embargo, la compañía retomó esa apuesta. Informes previos indicaron su interés en desarrollar robots humanoides y su participación en acuerdos con startups del sector, como Figure, que busca acelerar la producción a gran escala de autómatas con forma humana.
Chris Lehane, jefe de asuntos globales de OpenAI, aseguró que la robótica está cada vez más cerca de un punto de inflexión y que un uso responsable de esta tecnología podría mejorar de forma significativa la eficiencia industrial.
Lehane reconoció que China mantiene una ventaja importante en la fabricación de hardware, pero defendió que Estados Unidos podría liderar el desarrollo de los sistemas de IA que actúen como el “cerebro” de esas máquinas, un terreno en el que OpenAI considera tener una posición fuerte.
Las ofertas de empleo publicadas por la compañía refuerzan esa dirección. OpenAI busca ingenieros con experiencia en teleoperación, simulación y diseño de sistemas robóticos pensados para producción a gran escala, lo que sugiere que la empresa contempla seriamente el desarrollo de hardware propio.
Este giro estratégico no está exento de riesgos. Analistas financieros advierten que entrar en la robótica implica inversiones elevadas, ciclos largos de desarrollo y márgenes inciertos, factores que podrían agravar la presión sobre unas finanzas ya exigidas por el costo de entrenar y mantener modelos de IA avanzados.
Algunos expertos, como el analista Sebastian Mallaby, han llegado a señalar que, sin nuevas fuentes de financiación, OpenAI podría enfrentarse a una situación crítica en los próximos 18 meses, especialmente si la burbuja de la inteligencia artificial comienza a desinflarse.
Aun así, para una empresa dirigida por **:contentReference[oaicite:2]{index=2}**, la robótica representa algo más que un negocio: es la posibilidad de probar sus modelos en entornos reales y dinámicos, un paso clave en su ambición de desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más generales.
Si la apuesta sale bien, ChatGPT podría dejar de ser solo una interfaz en una pantalla y convertirse en el cerebro de máquinas capaces de interactuar con el mundo físico. Si sale mal, el intento de darle un cuerpo a la IA podría convertirse en uno de los movimientos más arriesgados en la corta pero intensa historia de OpenAI.