El 28 de julio, un incendio de gran magnitud calcinó una veintena de coches y dañó gravemente varias viviendas en la calle Eduardo Taboada, en el barrio de Tenerías. Aunque los bomberos lograron sofocar el fuego, el humo denso impregnó fachadas, portales y sistemas de ventilación, dejando una huella persistente en la atmósfera de la zona.
Días después, los peritos y las aseguradoras comenzaron a evaluar los daños materiales, pero muchos vecinos notaron que el olor a quemado no desaparecía, incluso con las ventanas abiertas y tras las labores de limpieza iniciales. La situación genera molestias, incomodidad y dudas sobre la calidad del aire interior y exterior.
Especialistas explican que el olor a quemado puede mantenerse durante días o semanas tras un incendio de gran envergadura, especialmente cuando materiales como plásticos, aislamientos y muebles quedan parcialmente calcinados. Las micropartículas liberadas durante la combustión se adhieren a paredes, textiles y conductos, dificultando su eliminación total.
Según testimonios de los propios afectados, el hollín ha penetrado en cortinas, alfombras, muebles e incluso en los sistemas de ventilación de los edificios. Esta impregnación prolonga la sensación de humo y requiere limpiezas profundas y reiteradas para restaurar la normalidad en las viviendas y zonas comunes.
Otro factor es la persistencia de restos y escombros aún no retirados de los bajos y porches afectados. El calor y la humedad favorecen la liberación de compuestos volátiles, intensificando el olor en las horas más cálidas del día. Mientras tanto, el acceso de los técnicos a las zonas dañadas se coordina con las labores de los peritos y compañías de seguros, retrasando la limpieza definitiva.
A nivel sanitario, los expertos recomiendan ventilar las viviendas, evitar el contacto directo con hollín, usar mascarilla durante las limpiezas y solicitar asistencia profesional para eliminar residuos tóxicos. Las partículas finas de humo pueden causar irritación ocular, tos y molestias respiratorias, especialmente en personas vulnerables.
Las autoridades locales han recordado la importancia de comunicar cualquier síntoma inusual y de seguir las indicaciones de los servicios de salud y protección civil. La colaboración entre vecinos, aseguradoras y administraciones será clave para agilizar los trabajos de descontaminación y devolver la habitabilidad al barrio.
Este caso pone en evidencia la complejidad de la recuperación tras incendios urbanos y la necesidad de planes de emergencia que incluyan no solo la extinción del fuego, sino también la gestión de la contaminación y la protección de la salud pública a mediano plazo.