Una posible superkilonova ha captado la atención de la comunidad científica tras mostrar indicios de haber explotado no una, sino dos veces. El evento, detectado en agosto de 2025, combina señales de ondas gravitacionales con un estallido de luz inusual, lo que lo convierte en uno de los fenómenos cósmicos más extraños observados hasta ahora.
Hasta hoy, solo se había confirmado con total certeza una kilonova, el famoso evento de 2017 en el que dos estrellas de neutrones chocaron y produjeron tanto ondas gravitacionales como luz visible. Aquella observación fue clave para entender cómo se forman elementos pesados como el oro o el platino. El nuevo caso parece seguir una historia mucho más compleja.
Los detectores de ondas gravitacionales LIGO y Virgo registraron una señal que sugería la fusión de dos objetos extremadamente compactos, con al menos uno de ellos sorprendentemente pequeño. Poco después, telescopios terrestres detectaron una fuente de luz roja que se desvanecía rápidamente, un comportamiento típico de una kilonova.
Sin embargo, días más tarde ocurrió algo inesperado. El objeto volvió a brillar, esta vez con características propias de una supernova, incluyendo la presencia de hidrógeno y un cambio hacia tonos más azules. Este segundo estallido desconcertó a los astrónomos, ya que las supernovas y las kilonovas suelen ser fenómenos distintos, no etapas consecutivas del mismo evento.
Una de las hipótesis más llamativas plantea que una estrella masiva explotó primero como supernova y, en ese proceso, dio lugar a dos diminutas estrellas de neutrones. Estas habrían colisionado poco después, generando la kilonova y las ondas gravitacionales detectadas. De ser así, se trataría de una explosión doble nunca observada de forma clara.
Este escenario también ayudaría a explicar por qué la señal luminosa inicial fue parcialmente ocultada. Los restos de la supernova podrían haber bloqueado la visión directa de la kilonova, haciendo que el evento pareciera confuso o contradictorio dependiendo del momento de observación.
Aun así, los investigadores insisten en la cautela. Los datos disponibles no son suficientes para confirmar que se trate realmente de una superkilonova. Existe la posibilidad de que la señal de ondas gravitacionales y la supernova observada no estén relacionadas, aunque esa explicación deja varias preguntas sin resolver.
Si se confirma un fenómeno de este tipo, las implicaciones serían enormes. No solo ampliaría la forma en que entendemos el final de la vida de las estrellas más extremas, sino que también obligaría a replantear cómo se forman algunas estrellas de neutrones y cómo pueden producirse los elementos más pesados del universo. Por ahora, el evento queda como una pista fascinante de que el cosmos aún guarda sorpresas que apenas empezamos a comprender.
Fuente: Caltech