Perseguir un objeto que huye a 60 kilómetros por segundo parece, en principio, inviable. Esa es la velocidad a la que 3I/Atlas abandona el Sistema Solar. Sin embargo, un grupo de investigadores ha presentado un estudio en el que propone una solución radical: aprovechar la gravedad del Sol para impulsar una nave mediante una maniobra conocida como efecto Oberth solar y salir disparada tras el cometa.
El desafío es puramente energético. Cuanto más rápido se mueve un objeto, más difícil resulta alcanzarlo. El efecto Oberth, formulado en el siglo XX, parte de una idea sencilla pero poderosa: un cohete obtiene mayor ganancia de energía cuando enciende sus motores mientras ya se mueve a gran velocidad dentro de un campo gravitatorio intenso. En otras palabras, quemar combustible en el punto más rápido de una trayectoria —por ejemplo, al pasar muy cerca del Sol— multiplica el impulso conseguido por cada kilogramo de propelente.
La propuesta concreta plantea un lanzamiento en 2035. Tras despegar desde la Tierra, la nave realizaría una asistencia gravitatoria con Júpiter para modificar su trayectoria y reducir parte de su velocidad orbital alrededor del Sol. Ese paso le permitiría “caer” hacia nuestra estrella con un perihelio extremadamente bajo. En el punto más cercano, a 3,2 radios solares del centro del Sol, la nave encendería sus motores y aplicaría un impulso adicional de unos 8,36 kilómetros por segundo. Esa combinación de velocidad previa y encendido en el punto más crítico sería la clave para alcanzar la energía necesaria.
Según los cálculos del estudio, esta maniobra Solar Oberth permitiría interceptar 3I/Atlas antes de 2085, a una distancia de unas 732 unidades astronómicas del Sol. Una unidad astronómica equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol. Como referencia, la sonda Voyager 1 se encuentra actualmente a unas 171 unidades astronómicas tras casi 50 años de viaje. La misión propuesta aspiraría a recorrer más de cuatro veces esa distancia en un plazo similar, algo que, de lograrse, supondría un salto significativo en la velocidad alcanzable por naves humanas.
Es importante distinguir entre lo que está confirmado y lo que es proyección. El estudio existe y detalla parámetros concretos de trayectoria y delta-V. Lo que no está garantizado es que la misión llegue a ejecutarse ni que efectivamente intercepte el cometa en el plazo estimado de 35 a 50 años. Se trata de un escenario calculado sobre el papel, condicionado a desarrollos tecnológicos y decisiones políticas futuras.
Uno de los puntos más críticos es la viabilidad térmica. Acercarse a 3,2 radios solares implica descender más que la Sonda Solar Parker, que logró aproximarse a unos 6,1 millones de kilómetros de la superficie solar y soportar temperaturas de hasta 1.400 grados Celsius gracias a un escudo térmico de compuesto de carbono. La misión propuesta requeriría un blindaje aún más robusto, con materiales similares y capas adicionales de aislamiento, para sobrevivir al entorno extremo de la corona solar.
La pregunta estratégica es si el esfuerzo compensa el objetivo. Interceptar 3I/Atlas ofrecería un breve encuentro científico, dado que la nave y el cometa se moverían a velocidades muy altas. El valor de la misión podría ser limitado en términos de observación prolongada. Sin embargo, demostrar que una nave puede ejecutar con éxito una maniobra Solar Oberth tan profunda y escapar hacia el espacio interestelar a gran velocidad tendría implicaciones más amplias.
Una arquitectura capaz de alcanzar 732 unidades astronómicas en medio siglo abriría la puerta a explorar regiones remotas del Sistema Solar, incluidos objetos transneptunianos lejanos o incluso hipotéticos planetas aún no confirmados. También serviría como ensayo para futuras misiones hacia otros visitantes interestelares con trayectorias más favorables.
El plan para perseguir 3I/Atlas no es solo una carrera contra un cometa que ya se aleja. Es, sobre todo, una prueba de hasta dónde puede llegar la ingeniería orbital cuando se lleva al límite el uso de la gravedad solar. La decisión final no dependerá solo de la audacia técnica, sino de si el retorno científico y estratégico justifica una misión intergeneracional que redefiniría nuestra capacidad de adentrarnos en el espacio interestelar.