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Detectan cambios en la composición del cometa interestelar 3I/ATLAS tras su paso por el Sol

El comportamiento del cometa 3I/ATLAS tras su paso por el Sol está dando pistas sobre cómo es su interior y cómo evoluciona su material.

3 min lectura
Cometa interestelar 3I ATLAS observado en diferentes longitudes de onda por el telescopio Subaru
El cometa interestelar 3I/ATLAS captado por el telescopio Subaru en distintas longitudes de onda. Créditos: NAOJ.

El cometa interestelar 3I/ATLAS sigue ofreciendo pistas sobre su origen fuera del Sistema Solar, pero ahora con un matiz importante. Nuevas observaciones realizadas tras su paso más cercano al Sol muestran que su composición no es uniforme y que evoluciona con el tiempo, algo que aporta información directa sobre cómo está construido por dentro.

Un equipo de investigadores utilizó el telescopio Subaru Telescope para analizar la luz emitida por la coma, la nube de gas que rodea al núcleo del cometa. A partir de esos datos, estimaron la proporción de dióxido de carbono y agua presentes en el material expulsado. Este punto es clave porque ese gas procede del interior del cometa, lo que permite inferir indirectamente su composición interna. Los resultados mostraron una proporción menor de CO₂ respecto al agua en comparación con observaciones anteriores realizadas con telescopios espaciales, lo que indica que no se trata de un objeto químicamente uniforme.

La interpretación más plausible apunta a un proceso progresivo. A medida que el cometa se acercó al Sol, el aumento de temperatura provocó la liberación de materiales desde distintas capas del núcleo. Esto sugiere que el interior del 3I/ATLAS está estratificado, con zonas que contienen proporciones diferentes de compuestos volátiles. No es un detalle menor, porque implica que la composición que vemos depende del momento de observación y de qué parte del núcleo está activa en ese instante.

Este tipo de comportamiento ya se ha observado en cometas del Sistema Solar, pero en este caso adquiere más relevancia por tratarse de un objeto interestelar. Permite comparar directamente materiales formados en otros sistemas con los de nuestro entorno, algo que hasta hace poco no era posible. Además, confirma que las técnicas de observación desarrolladas durante décadas pueden aplicarse también a estos visitantes externos, ampliando el alcance de los estudios planetarios.

La detección de cambios en la composición no solo ayuda a entender cómo es este cometa en concreto. También aporta pistas sobre cómo se formaron los planetesimales en otros sistemas estelares y cómo evolucionan al acercarse a una estrella. Con la llegada de nuevos telescopios de exploración en los próximos años, los astrónomos esperan encontrar más objetos similares y construir una visión más completa de la diversidad química del universo.

Fuentes

1
Observatorio Astronómico Nacional (NAOJ)

www.nao.ac.jp/en/news/science/2026/20260415-subaru.html

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