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Detectan un posible rastro de las primeras estrellas del universo 13.800 millones de años después

Aquellas primeras estrellas desaparecieron hace miles de millones de años, por lo que solo pueden estudiarse a través de señales indirectas.

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Representación del universo temprano durante la formación de las primeras estrellas
Ilustración del universo primitivo en la etapa de formación de las primeras estrellas. Créditos: Adolf Schaller for STScI.

Las primeras estrellas del universo siguen siendo uno de los objetivos más difíciles de la astronomía. No pueden observarse directamente porque desaparecieron hace miles de millones de años, pero eso no significa que no hayan dejado señales. Lo que se busca hoy no es verlas, sino reconstruir su rastro a partir de lo que quedó.

Estas estrellas, conocidas como población III, se formaron poco después del Big Bang y eran muy distintas a las actuales. Eran más masivas, mucho más calientes y estaban compuestas casi exclusivamente de hidrógeno y helio, sin elementos pesados. Esa diferencia es clave, porque marca el punto de partida de toda la evolución química del universo.

El candidato que ahora centra la atención es un objeto apodado “Hebe”, detectado por el telescopio James Webb Space Telescope. A simple vista es solo un punto tenue, pero su luz contiene pistas que encajan con lo que se esperaría de un cúmulo formado por estrellas extremadamente primitivas.

Los análisis no detectan metales en su entorno, algo fundamental. En el universo actual, casi todas las estrellas contienen elementos más pesados formados en generaciones anteriores. La ausencia de esos materiales sugiere un origen mucho más antiguo. A eso se suma una señal de alta temperatura y una emisión que no encaja fácilmente con objetos más comunes.

También importa el tamaño. Hebe parece demasiado compacto para ser una galaxia completa, lo que refuerza la idea de que podría tratarse de un grupo de estrellas muy masivas concentradas en un espacio reducido.

La luz que observamos procede de un momento en el que el universo tenía apenas unos 400 millones de años. En esa etapa, el espacio aún no era completamente transparente y gran parte de la radiación quedaba atrapada por el hidrógeno. Detectar algo en ese contexto ya es, por sí solo, complicado.

Los investigadores han intentado encajar el objeto en otros escenarios, como un núcleo galáctico activo o un agujero negro en formación, pero esas opciones no explican bien todas las señales observadas. Aun así, el resultado no es definitivo. Los estudios siguen en revisión y harán falta nuevas observaciones para confirmar qué es realmente Hebe.

Si se confirma, el hallazgo no sería solo un dato más. Permitirá reconstruir cómo fueron las primeras estrellas y entender cómo empezó el proceso que terminó formando galaxias, planetas y todo lo que existe hoy.

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