Sabemos que los sonidos externos pueden influir en el equilibrio de las personas, afectando nuestra capacidad para mantenernos quietos o caminar sin caer, pero hasta ahora se sabía muy poco sobre cómo esto afecta a los animales. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena ha explorado este fenómeno en perros, descubriendo que el tono emocional de nuestras voces tiene un impacto directo en su estabilidad física.
Para llevar a cabo la investigación, se colocaron a 23 perros sobre una plataforma sensora de presión capaz de detectar movimientos mínimos, una técnica estándar para analizar el equilibrio. Mientras los animales permanecían de pie sobre la placa, se reprodujeron grabaciones de voces humanas expresando emociones positivas o negativas para medir sus reacciones con precisión.
Los resultados mostraron patrones interesantes, especialmente en relación con las emociones negativas. Cuando los perros escuchaban voces enojadas, se asoció con un aumento significativo en un parámetro conocido como "superficie de apoyo", que indica el área que el animal ocupa al oscilar para mantenerse en pie.
Este dato sugiere que la agresividad vocal provoca una desestabilización física, probablemente inducida por una excitación emocional que obliga al perro a realizar mayores movimientos corporales para no perder el equilibrio. El cuerpo del animal reacciona instintivamente a la tensión auditiva, lo que demuestra una conexión profunda entre el sonido y el sistema motor.
Por otro lado, la reacción ante las voces alegres fue mucho más variada y menos uniforme entre los sujetos del estudio.
Aunque más de la mitad de los perros mostraron signos de desestabilización al escuchar tonos felices, un porcentaje sorprendente, cercano al 43%, experimentó lo contrario: se volvieron más estables o entraron en una especie de estado de "parálisis". Esto indica que la alegría puede generar un efecto de congelación o una preparación para el contacto social.
Estos hallazgos sugieren que la conexión entre humanos y perros va más allá de la comprensión de comandos. Los científicos creen que futuras investigaciones deberían explorar si las experiencias previas de un perro influyen en cómo reacciona su cuerpo a diferentes tonos de voz.
Fuente: PLOS One