Los mosasaurios han sido descritos durante décadas como grandes depredadores marinos, perfectamente adaptados a la vida en océanos abiertos. Estos reptiles gigantes dominaron los mares al final del Cretácico, poco antes de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que algunos de ellos podrían haber llevado una vida muy distinta a la que se creía.
La investigación se basa en el hallazgo de un gran diente de mosasaurio encontrado en Dakota del Norte, en un antiguo entorno fluvial. El fósil apareció en el yacimiento de Hell Creek, una zona famosa por sus restos de dinosaurios terrestres, donde también se han encontrado dientes de Tyrannosaurus rex y fósiles de crocodilianos de agua dulce.
Este contexto planteó una pregunta clave a los investigadores: si los mosasaurios eran animales marinos, ¿cómo pudo acabar uno de sus dientes en un río, lejos del océano? La posibilidad de que el diente hubiera sido transportado desde el mar parecía poco probable, dadas las condiciones geológicas del lugar.
Para responder a esta cuestión, un equipo internacional de científicos de Suecia, Estados Unidos y Países Bajos analizó la composición química del esmalte dental. En concreto, estudiaron isótopos de oxígeno, estroncio y carbono, que permiten reconstruir tanto el tipo de agua en el que vivía el animal como aspectos de su alimentación y comportamiento.
Los resultados fueron claros. Los isótopos de oxígeno mostraron una proporción típica del agua dulce, muy distinta a la observada en mosasaurios que vivían en ambientes marinos. Los valores de estroncio reforzaron esta interpretación, indicando que el animal pasó una parte significativa de su vida en entornos fluviales.
El análisis del carbono aportó información adicional. A diferencia de otros mosasaurios, que suelen mostrar señales de inmersiones profundas, este ejemplar presentaba valores compatibles con una vida en aguas poco profundas. Esto sugiere que no cazaba en mar abierto y que, en ocasiones, podría haberse alimentado de animales terrestres que llegaban a los ríos, como dinosaurios muertos o debilitados.
Lejos de tratarse de un caso aislado, los investigadores estudiaron otros dientes de mosasaurio encontrados en yacimientos cercanos y ligeramente más antiguos. Todos mostraron firmas químicas similares, lo que indica que estos reptiles gigantes habitaron ambientes de agua dulce durante el último millón de años antes de su extinción.
Este cambio de hábitat coincide con importantes transformaciones geográficas en América del Norte. En ese periodo, la gran vía marítima interior que dividía el continente comenzó a recibir enormes aportes de agua dulce, transformándose progresivamente de un mar salado en un sistema de aguas salobres y, finalmente, mayoritariamente dulces.
El tamaño del diente sugiere que el animal era colosal. Los científicos estiman que el mosasaurio podría haber alcanzado hasta 11 metros de longitud, aproximadamente el tamaño de un autobús. En un entorno fluvial, un depredador de estas dimensiones habría sido uno de los animales más grandes y dominantes, comparable en impacto ecológico a las mayores orcas actuales.
El estudio muestra que los mosasaurios eran mucho más flexibles de lo que se pensaba. Incluso poco antes de desaparecer, estos gigantes prehistóricos seguían adaptándose a nuevos entornos, ocupando nichos que hasta ahora no se asociaban con reptiles marinos de semejante tamaño.