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Artemis II: la NASA retrasa su misión tripulada alrededor de la Luna por fallos técnicos

La NASA ha decidido aplazar la misión Artemis II tras detectar fugas de hidrógeno y otros fallos técnicos durante el ensayo general con combustible del cohete, una señal de que volver a la Luna sigue siendo un reto de ingeniería más que una cuestión de calendario.

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Cohete Artemis II SLS y nave Orion iluminados en la plataforma de lanzamiento 39B de noche
El cohete Artemis II SLS y la nave Orion en la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, preparados para su misión. Créditos: NASA/Brandon Hancock.

Artemis II no es un lanzamiento cualquiera, será la primera misión que lleve astronautas más allá de la órbita baja terrestre desde las Apolo, hace más de medio siglo. El plan inicial contemplaba despegar en febrero, pero las pruebas finales revelaron fallos que, tratándose de un vuelo tripulado, no admiten atajos ni decisiones apresuradas.

Las nuevas oportunidades de salida se concentran entre el 7 y el 11 de marzo, con ventanas diarias de unas dos horas. En mecánica orbital no hay demasiada flexibilidad: tras unos pocos días favorables, la alineación entre la Tierra, la Luna y el Sol obliga a esperar semanas, así que cualquier incidencia técnica se traduce automáticamente en retrasos.

El problema principal apareció durante el llamado “ensayo general húmedo”, la prueba en la que el cohete se carga por completo con hidrógeno y oxígeno líquidos para simular un lanzamiento real. Durante esa operación, los equipos detectaron fugas de hidrógeno en la base del Space Launch System (SLS), el enorme lanzador que debe sacar a la nave de la gravedad terrestre.

El hidrógeno líquido es un combustible muy eficiente, pero también extremadamente difícil de manejar. Se almacena a temperaturas cercanas a los −253 °C y cualquier mínima imperfección en juntas o válvulas puede provocar escapes. Además, su molécula es tan pequeña que encuentra huecos por donde otros gases ni siquiera pasan, lo que complica sellar el sistema al cien por cien.

No es la primera vez que ocurre. Ya en Artemis I aparecieron fugas similares que obligaron a retrasos de meses y a revisar procedimientos completos. Aunque la agencia sustituyó componentes y ajustó protocolos tras aquella experiencia, el ensayo actual demostró que el problema no estaba del todo resuelto y la carga tuvo que interrumpirse varias veces.

A la fuga se sumó otro contratiempo menor pero simbólico: durante el cierre de la escotilla de la cápsula Orion, el vehículo que llevará a la tripulación, una válvula del sistema de presurización se purgó por error. Los técnicos repitieron la operación desde cero. Nada crítico por sí solo, pero suficiente para reforzar la decisión de no arriesgar.

La tripulación está formada por cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen— y su viaje durará unos diez días. No habrá alunizaje: la nave rodeará la Luna y regresará, en una trayectoria amplia pensada para probar todos los sistemas lejos de la Tierra.

Más que tocar la superficie, el objetivo es validar la nave, los procedimientos y la capacidad de operar en el espacio profundo. Artemis II funcionará como un ensayo humano completo: comunicaciones, soporte vital, navegación, reentrada y rescate. Es el paso intermedio imprescindible antes de intentar misiones con aterrizaje.

El retraso también recuerda algo incómodo: volver a la Luna no es repetir los años sesenta. Los cohetes son más complejos, las normas de seguridad más estrictas y cada componente pasa por múltiples verificaciones. El calendario importa, pero la prioridad es no cometer errores con personas a bordo.

Mientras tanto, el vehículo permanece en la rampa 39B del Centro Espacial Kennedy, a la espera de nuevas pruebas. Los ingenieros revisarán sellos, conexiones y líneas criogénicas antes de intentar otra carga completa. Si todo encaja, marzo podría convertirse por fin en el mes del regreso humano al espacio profundo.

Cincuenta y tres años después de Apolo 17, el programa Artemis busca algo más ambicioso que una bandera y una foto: establecer presencia sostenible y preparar estancias largas alrededor y sobre la Luna. Pero, por ahora, la realidad es más simple y muy terrenal: si el hidrógeno se escapa, el lanzamiento espera.

Fuente: NASA

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