Durante 2025, las principales economías de Asia avanzaron con rapidez hacia sistemas eléctricos más limpios, mientras que Estados Unidos tomó el camino contrario y aumentó su dependencia del carbón. Esta evolución ha abierto una brecha visible entre Oriente y Occidente en plena transición energética mundial.
Nuevos datos muestran que China, India, Japón y Vietnam lograron reducir la cantidad de emisiones asociadas a cada kilovatio hora generado. Este descenso se explica en gran parte por la expansión masiva de energía solar y eólica, que permitió disminuir puntualmente la carga de los combustibles fósiles en sus redes eléctricas.
China, por ejemplo, mantiene una tendencia constante a la baja en su intensidad de carbono desde hace más de cinco años gracias a la instalación acelerada de renovables. India y Japón también han mejorado sus indicadores, mientras que Vietnam ha consolidado su transición con un crecimiento notable en energía limpia.
En contraste, Estados Unidos fue el único gran sistema energético que incrementó su intensidad de carbono durante los primeros diez meses del año. La generación eléctrica a partir de carbón creció alrededor de un 13%, elevando las emisiones del sector a su nivel más alto desde 2022.
El encarecimiento del gas natural fue clave para este cambio. Ante precios más elevados, muchas empresas eléctricas estadounidenses optaron por reactivar centrales de carbón, que resultaron más económicas en el corto plazo, aunque mucho más contaminantes.
Mientras tanto, Europa también logró reducir su intensidad de carbono, aunque de manera irregular debido a la caída de la actividad industrial y a los picos de demanda invernal. Aun así, el continente no registró un repunte similar al estadounidense.
La diferencia entre ambas regiones podría ampliarse en 2026. Estados Unidos podría continuar apoyándose en el carbón si los precios del gas siguen altos, mientras que Asia mantiene la instalación de nueva capacidad renovable a un ritmo sin precedentes.
Los expertos advierten que la trayectoria estadounidense puede complicar los esfuerzos internacionales para reducir las emisiones globales, especialmente porque el país sigue siendo uno de los mayores emisores del mundo en el sector energético.
Por su parte, el avance de Asia demuestra que incluso los sistemas más dependientes del carbón pueden iniciar un cambio profundo cuando existe una combinación de inversión, planificación y nuevas infraestructuras. La evolución de ambas regiones en 2026 marcará un punto clave para el rumbo energético global.