En buena parte de Asia, el carbón sigue ocupando un lugar central en la producción de electricidad. No porque falten alternativas, sino porque los contratos firmados hace años obligan a las compañías a seguir consumiéndolo incluso cuando hay energía renovable disponible.
En países como Indonesia, Vietnam o Filipinas, entre el 50% y el 100% de la capacidad instalada de carbón está asegurada mediante contratos de compra a largo plazo. Estos acuerdos, según datos de la Powering Past Coal Alliance, tienen una duración restante que varía entre 9 y 18 años.
El resultado es una región atrapada en una dependencia difícil de romper. Aunque la energía solar y eólica crecen, las redes eléctricas están obligadas a priorizar el carbón para no incumplir los contratos, lo que reduce la integración de fuentes limpias.
En paralelo, el bloque asiático ha incrementado su cuota de generación con carbón hasta rozar el 45%, frente al 34% global. La cifra contrasta con el avance renovable: solo representan el 26% de la electricidad en la región, muy por debajo del promedio mundial.
Para los gobiernos y operadores de plantas térmicas, estos acuerdos garantizan ingresos estables y empleo fijo, lo que hace menos atractiva la retirada anticipada de las centrales. Romper contratos implicaría costosas penalizaciones económicas.
En China, la situación también es contradictoria. Aunque el país avanza en energías limpias y registra meses consecutivos de emisiones estabilizadas o en descenso, la demanda de carbón sigue siendo alta. En octubre, la generación térmica aumentó un 7,3% interanual.
Expertos en energía advierten que la sobrecontratación está provocando decisiones contraproducentes: en algunos momentos, operadores reducen la producción solar y eólica para no incumplir acuerdos de suministro con centrales de carbón.
El fenómeno se repite en otras grandes economías de Asia-Pacífico, como India, Japón o Australia, donde también se han reportado restricciones al uso de renovables pese a la clara necesidad de descarbonizar el sistema eléctrico.
La situación podría empeorar si los estados indios concretan nuevos contratos con generadores de carbón, algo que varias regiones están considerando para garantizar suministro inmediato ante el crecimiento de la demanda.
Para organizaciones climáticas, el riesgo es doble: pagos continuos por capacidad que podría quedar obsoleta y la creación de activos de carbón varados que bloquearán durante años la transición energética.
Los analistas coinciden en que la única salida pasa por renegociar contratos, flexibilizar los acuerdos de compra y rediseñar la planificación energética para dar prioridad a las fuentes limpias antes de que la región quede definitivamente atrapada en un modelo incompatible con los objetivos climáticos.
Fuente: Reuters