Hasta hace poco, la Luna era considerada un entorno geológicamente tranquilo, sin embargo, investigaciones recientes han revelado que la actividad sísmica lunar, conocida como “moonquakes”, podría poner en peligro la infraestructura de próximas misiones tripuladas y asentamientos permanentes en la superficie lunar.
El estudio, publicado en Science Advances y liderado por la Universidad de Maryland junto al Smithsonian, se basó en el análisis de registros y simulaciones de ondas sísmicas en el valle Taurus-Littrow, lugar de aterrizaje del Apolo 17 en 1972. Los científicos determinaron que terremotos lunares de magnitudes cercanas a 3.0, aunque leves comparados con los terrestres, pueden causar importantes desplazamientos y deslizamientos de rocas en la superficie lunar.
Las fallas geológicas jóvenes, como la Lee-Lincoln, resultaron ser focos de actividad sísmica recurrente durante los últimos 90 millones de años. El movimiento a lo largo de estas fracturas todavía podría estar activo y representa una amenaza para cualquier estructura construida cerca, especialmente cuando se prevé que las bases lunares permanezcan operativas durante décadas.
Uno de los hallazgos clave del equipo fue calcular que, aunque el riesgo diario de un evento sísmico peligroso es de solo 1 en 20 millones, este se multiplica considerablemente en misiones de larga duración. Para una base lunar que opere durante 10 años, la probabilidad aumenta a aproximadamente 1 en 5.500, una cifra que no puede ser ignorada por ingenieros ni planificadores de misiones.
Los científicos destacan que la mayor vulnerabilidad se encuentra en módulos altos o con relaciones de aspecto elevadas, como los nuevos sistemas de aterrizaje, que serían particularmente sensibles a las aceleraciones del suelo provocadas por un terremoto lunar cercano. Este riesgo es especialmente relevante para el programa Artemis de la NASA y otras iniciativas internacionales que buscan una presencia humana sostenida en la Luna.
Dado que la Luna carece de una densa red de sismómetros como la Tierra, los investigadores recurrieron a métodos indirectos, analizando las huellas geológicas de caídas de rocas y deslizamientos de tierra para estimar la fuerza y frecuencia de los terremotos antiguos. A medida que avance la tecnología, la instalación de nuevos instrumentos sísmicos será esencial para un monitoreo más preciso y para diseñar infraestructuras seguras.
El estudio subraya la importancia de planificar la ubicación de futuras bases lunares lejos de escarpes y fallas activas, y apuesta por un enfoque multidisciplinar que combine ingeniería, geología y tecnología avanzada. Solo así se podrá minimizar el riesgo sísmico y garantizar la seguridad de astronautas y equipos durante estancias prolongadas.
Más allá del desafío técnico, la investigación abre una nueva era en la paleosismología lunar, un campo que promete avanzar rápidamente con la llegada de las misiones Artemis. Comprender la dinámica sísmica de la Luna es crucial no solo para la exploración segura, sino también para descifrar la evolución geológica de nuestro satélite natural.
A medida que la humanidad da pasos firmes hacia la conquista de la Luna, el mensaje de los expertos es claro: la seguridad de las futuras bases dependerá tanto de la innovación tecnológica como de la prudencia a la hora de convivir con los terremotos lunares.