La huella humana ha llegado hasta uno de los rincones más remotos y helados del planeta. Un nuevo trabajo demuestra por primera vez, y con números, que el calentamiento provocado por el ser humano aceleró de forma notable el retroceso del glaciar Pine Island, en la Antártida Occidental, durante el siglo XX.
El hallazgo, liderado por el King's College de Londres y el British Antarctic Survey y publicado en la revista The Cryosphere, no es un detalle menor. Pine Island es uno de los mayores responsables de la subida global del nivel del mar, y entender qué lo empuja importa al mundo entero.
Los investigadores calcularon que las emisiones de gases de efecto invernadero incrementaron el retroceso del glaciar entre un 18% y un 20% desde la década de 1940. Traducido a distancia, eso supone varios kilómetros más de hielo perdido tierra adentro, unos cuatro kilómetros para 2015 que no se habrían dado sin la mano humana.
La novedad no está solo en el dato, sino en haberlo podido demostrar. Este tipo de estudios de atribución se han vuelto comunes para olas de calor, inundaciones e incluso glaciares de montaña, pero aplicarlos a un gran glaciar antártico era mucho más complicado. Es la primera vez que se logra para uno de estos colosos de hielo.
Para conseguirlo, el equipo usó un modelo que simula el comportamiento del glaciar y comparó dos escenarios, uno con el calentamiento humano y otro sin él. La diferencia entre ambos, esos cuatro kilómetros, representa algo menos de una quinta parte de todo el retroceso que el glaciar ha sufrido en realidad.
El mecanismo de fondo es el agua. Los registros indican que Pine Island empezó a retroceder rápido en los años cuarenta, cuando aguas oceánicas más cálidas empezaron a colarse bajo su plataforma de hielo. El calentamiento del océano provocado por el ser humano, que se cree arrancó en los sesenta, aceleró después ese proceso.
Un freno temporal antes de seguir cayendo
El futuro no invita al optimismo, aunque haya un respiro a la vista. Los modelos sugieren que Pine Island podría estabilizarse brevemente a finales de este siglo al toparse con una cresta en la roca del fondo. Pero esa pausa sería pasajera si el calentamiento continúa, y la influencia humana volvería a ser el motor principal de su retroceso ya en el siglo XXII.
Lo que está en juego es enorme. Pine Island y su vecino Thwaites son piezas clave de la capa de hielo de la Antártida Occidental, y se calcula que su colapso a lo largo de los próximos siglos podría elevar el nivel del mar varios metros. Como advierten los autores, el hielo responde despacio, y las emisiones de hoy seguirán marcando esa pérdida durante siglos.