El recorrido evolutivo que transformó a los mamíferos desde criaturas de extremidades extendidas hasta animales con postura erguida ha sido uno de los grandes enigmas de la biología. Ahora, un equipo internacional ha descifrado esta transición clave analizando la morfología y función del húmero —el principal hueso del brazo— en más de 200 especies fósiles y actuales. Los resultados desafían la visión tradicional de una evolución lineal y revelan que la postura erguida surgió tras una serie de experimentos anatómicos y radiaciones evolutivas, más que por un cambio progresivo y directo.
La investigación, publicada en PLOS Biology, combina datos tridimensionales y técnicas de análisis morfofuncional para reconstruir el “paisaje adaptativo” de las extremidades anteriores desde los primeros sinápsidos —ancestros de los mamíferos— hasta los mamíferos modernos. El estudio muestra que los primeros sinápsidos tenían una postura intermedia, distinta tanto de los reptiles como de los actuales monotremas, y que la evolución posterior de la forma del húmero estuvo marcada por variaciones funcionales y estructurales más que por una simple transición hacia la postura erguida.
Según los autores, la transición de la postura extendida a la erguida en mamíferos no fue un trayecto directo ni uniforme. En cambio, cada grupo principal de sinápsidos experimentó una radiación adaptativa, explorando combinaciones únicas de formas y funciones en sus extremidades anteriores. Sólo en los terios troncales —el linaje de mamíferos que dio origen a los marsupiales y placentarios— se consolidó la postura parasagital, es decir, con las extremidades colocadas bajo el cuerpo, lo que permitió un avance crucial en la locomoción y la eficiencia metabólica.
Este hallazgo refuta la hipótesis de una progresión escalonada, sugiriendo que la evolución de los mamíferos estuvo marcada por episodios de diversificación, convergencias funcionales y reversiones morfológicas. Los paisajes adaptativos calculados por el equipo muestran que muchos clados exploraron trayectorias subóptimas antes de alcanzar la morfología que hoy caracteriza a los mamíferos. Así, la postura erguida surge como un producto tardío de la experimentación evolutiva, y no como el resultado inevitable de una tendencia lineal.
El estudio se apoya en avanzadas técnicas de modelado tridimensional y análisis filogenético, permitiendo comparar directamente fósiles de hace más de 300 millones de años con especies actuales. Los investigadores midieron y analizaron las formas y propiedades funcionales de los húmeros, identificando los cambios clave que acompañaron el paso desde la postura expandida a la erguida, y reconstruyeron los picos de adaptación y las rutas evolutivas exploradas por los distintos linajes.
Entre las revelaciones más importantes está que los húmeros de los primeros mamíferos presentaban una notable variabilidad funcional, combinando rasgos reptilianos y terios, antes de la consolidación definitiva de la postura erguida. Además, algunos linajes, como los monotremas, evolucionaron de forma convergente hacia configuraciones que imitan estados ancestrales, lo que añade complejidad a la reconstrucción del árbol evolutivo de las extremidades.
Este trabajo redefine cómo los científicos entienden el éxito evolutivo de los mamíferos. Lejos de ser una transición monótona, la adaptación de la postura y función de las extremidades fue el resultado de pruebas evolutivas y caminos múltiples, donde sólo algunos linajes alcanzaron la postura eficiente que caracteriza a los mamíferos modernos. La investigación abre nuevas perspectivas para explorar el origen de la diversidad locomotora y ecológica de los mamíferos, así como el papel de la morfología funcional en grandes transiciones evolutivas.
En conclusión, el enigma evolutivo de la postura erguida en los mamíferos queda resuelto como una historia de flexibilidad, experimentación y trayectorias adaptativas. Los autores señalan que futuros estudios biomecánicos podrían arrojar luz sobre detalles aún más finos de la transición y su impacto en la ecología y el éxito adaptativo de los mamíferos.
Fuente: PLOS Biology