El dióxido de carbono suele aparecer en el debate climático por su papel en el calentamiento global. Atrapa parte del calor que la Tierra emite y hace que la superficie y la atmósfera inferior retengan más energía. Esa parte es conocida. Lo menos intuitivo es que, al mismo tiempo, la atmósfera superior se está enfriando.
La estratosfera, situada aproximadamente entre los 11 y los 50 kilómetros de altitud, se ha enfriado unos 2 grados Celsius desde mediados de la década de 1980. Ese enfriamiento es una huella reconocible del cambio climático, pero los detalles físicos de cómo ocurre no estaban del todo resueltos. Ahora, investigadores de la Escuela del Clima de Columbia proponen una explicación más precisa centrada en la forma en que el CO2 interactúa con la luz infrarroja.
El doble efecto del CO2
En la atmósfera inferior, el CO2 actúa como un gas de efecto invernadero. Absorbe parte del calor que la superficie terrestre intenta liberar hacia el espacio y lo reemite, contribuyendo a mantener más energía cerca del suelo. Por eso su aumento está asociado al calentamiento de la Tierra.
Más arriba, la situación cambia. En la estratosfera, donde el aire es mucho menos denso, las moléculas de CO2 funcionan casi como pequeños radiadores. Absorben energía infrarroja procedente de capas inferiores y emiten una parte hacia el espacio. Cuando hay más CO2, esa emisión se vuelve más eficiente y la estratosfera pierde calor.
La idea general no es nueva. Ya había sido predicha en la década de 1960 por los modelos climáticos de Syukuro Manabe, reconocido con el Premio Nobel por sus trabajos sobre el clima terrestre. Lo que faltaba era una explicación cuantitativa más detallada, capaz de mostrar qué parte del proceso domina y por qué.
La clave está en ciertas longitudes de onda
El equipo de Columbia trabajó con modelos teóricos, simulaciones y datos reales. El proceso fue iterativo: identificar mecanismos, asignar valores matemáticos, comparar resultados, ajustar ecuaciones y repetir el procedimiento hasta que la formulación encajara con las observaciones.
El resultado apunta a un detalle muy concreto. El CO2 no interactúa igual con todas las longitudes de onda infrarrojas. Algunas pasan con más facilidad, otras quedan más atrapadas y otras son especialmente eficaces para que la estratosfera emita energía hacia el espacio.
Los investigadores identificaron una especie de zona óptima dentro de esa radiación infrarroja. A medida que aumenta la concentración de CO2, esa zona se expande y cambia la eficiencia con la que la estratosfera puede emitir calor. Esos cambios serían los que terminan impulsando el enfriamiento estratosférico.
El papel del ozono y el vapor de agua también fue evaluado. Ambos gases participan en procesos radiativos parecidos, pero su influencia resultó mucho menor frente al efecto del dióxido de carbono.
Una señal del cambio climático
Las nuevas ecuaciones reproducen varios comportamientos ya observados. Explican por qué el enfriamiento cambia con la altitud, siendo menor en las zonas bajas de la estratosfera y mayor cerca de la estratopausa. También encajan con la idea de que cada duplicación del CO2 produce un enfriamiento de unos 8 grados Celsius en las capas superiores de la estratosfera.
Hay un matiz importante. Aunque el CO2 hace que la estratosfera emita calor con más eficiencia, una estratosfera más fría termina reduciendo la cantidad total de energía infrarroja que escapa al espacio. La parte alta se enfría, pero el sistema terrestre en conjunto pierde menos calor. Eso refuerza el calentamiento en las capas inferiores.
El valor de esta investigación no está en demostrar otra vez que el calentamiento global existe. Esa realidad ya está ampliamente establecida. Su importancia está en precisar el mecanismo detrás de una de sus huellas más claras.
Entender mejor por qué la estratosfera se enfría también puede servir fuera de la Tierra. Los mismos principios de gases, radiación y pérdida de calor pueden ayudar a estudiar atmósferas de otros planetas y exoplanetas, donde el equilibrio climático depende de reglas parecidas, aunque bajo condiciones muy distintas.