El reciente hallazgo de dos genomas de Mycobacterium lepromatosis en restos óseos de 4000 años procedentes del norte de Chile ha transformado radicalmente nuestra visión sobre la historia de la lepra en el continente americano. Hasta hoy, la mayoría de estudios consideraba que la lepra, también llamada enfermedad de Hansen, era una de las muchas enfermedades introducidas por los europeos tras el contacto en el siglo XVI. Sin embargo, este avance paleogenómico demuestra que, al menos en su variante lepromatosa, la lepra ya circulaba mucho antes entre las poblaciones originarias de América.
El equipo internacional, liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania junto a investigadores de Argentina y Chile, analizó meticulosamente esqueletos humanos hallados en antiguos enterramientos. Utilizando técnicas avanzadas de extracción y secuenciación de ADN, lograron recuperar el material genético de Mycobacterium lepromatosis, una bacteria pariente lejana de Mycobacterium leprae, causante de la lepra más común en la actualidad. Este logro científico permitió reconstruir el genoma del patógeno, algo considerado casi imposible en material tan antiguo.
El análisis genético de los restos no solo prueba la existencia de la lepra en América precolombina, sino que sugiere que los linajes bacterianos de la enfermedad en Eurasia y América evolucionaron por separado durante milenios. Se abre así un debate sobre si la lepra surgió de manera independiente en ambos continentes o si hubo rutas migratorias humanas que transportaron el patógeno en épocas aún más remotas.
La lepra ha sido históricamente una de las enfermedades infecciosas más estigmatizadas, asociada a la marginación y al aislamiento de los enfermos. En la actualidad, la lepra es tratable y menos frecuente, pero en tiempos antiguos pudo tener un profundo impacto en la salud y la organización social de las comunidades afectadas. Hasta ahora, la ausencia de huellas óseas características en contextos arqueológicos americanos reforzaba la idea de que la lepra era una enfermedad exótica antes de la llegada de los europeos. El presente estudio desafía esa visión.
El trabajo destaca la importancia del ADN antiguo como herramienta para reescribir la historia de las enfermedades. La paleogenómica permite identificar patógenos en restos humanos milenarios, incluso cuando las señales óseas son ambiguas o inexistentes. Este enfoque no solo aporta datos sobre la evolución de la lepra, sino también sobre las complejas interacciones entre humanos, medio ambiente y microorganismos en el pasado remoto.
El descubrimiento de Mycobacterium lepromatosis en América precolombina obliga a replantear las rutas de difusión de enfermedades infecciosas a escala global. Las variantes americanas y euroasiáticas de la lepra muestran adaptaciones y diferencias genéticas, lo que plantea interrogantes sobre la historia evolutiva del patógeno y su impacto en distintas sociedades humanas.
Este hallazgo también revaloriza el papel de las comunidades indígenas en la historia sanitaria del continente. Lejos de ser víctimas pasivas de las epidemias coloniales, las poblaciones precolombinas enfrentaron durante milenios enfermedades endémicas y desarrollaron conocimientos médicos adaptados a su entorno. La evidencia molecular muestra que la diversidad de patógenos antiguos fue mucho mayor de lo que se suponía.
Para los especialistas, el avance marca un punto de inflexión en la paleopatología americana. A medida que se desarrollen nuevas técnicas de recuperación de ADN y se analicen más restos, probablemente saldrán a la luz más episodios olvidados de la historia médica precolombina. Entender la distribución, antigüedad y adaptación de estos patógenos puede ayudar a prevenir y controlar enfermedades emergentes hoy día.
En definitiva, la reconstrucción de genomas antiguos de lepra no solo reescribe el pasado, sino que ofrece lecciones sobre la coevolución de humanos y microbios. Este tipo de estudios subraya el valor de la investigación multidisciplinar y el potencial de la ciencia para iluminar capítulos desconocidos de la humanidad. El continente americano, con su vasta diversidad ecológica y cultural, continúa sorprendiendo con historias que desafían los relatos establecidos sobre la salud y la enfermedad.
Fuente: The Max Planck Society for the Advancement of Science