Ciencia · Publicado

Descubren una especie oculta de pangolín gracias al ADN de un ejemplar de hace casi 190 años

El pangolín del Himalaya resulta ser una especie propia, un hallazgo clave para proteger al mamífero más traficado del mundo de la caza furtiva.

Aldo Venuta Rodríguez
Aldo Venuta Rodríguez Redacción · 3 min lectura
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Ejemplar de Manis aurita, una especie de pangolín recientemente identificada
Manis aurita, especie de pangolín designada recientemente. Créditos: Tulshi Laxmi Suwal.

Imagina un oso hormiguero acorazado, con garras enormes y el cuerpo cubierto de escamas superpuestas que recuerdan a una piña. Ese animal existe, se llama pangolín, y tiene el triste honor de ser el mamífero más traficado del planeta.

Precisamente esas escamas son su perdición. Muy cotizadas en la medicina tradicional de algunos países, han convertido a estos tímidos animales en objetivo de una caza furtiva feroz, hasta el punto de que se calcula que en el mundo se captura un pangolín salvaje cada cinco minutos.

Ahora, un nuevo trabajo publicado en la revista Communications Biology aporta una herramienta inesperada para protegerlos. Ha confirmado que una especie de pangolín asiático llevaba oculta a plena vista entre los bosques de Nepal y el norte de la India, sin que la ciencia la reconociera como tal.

La especie se llama Manis aurita, el pangolín del Himalaya, y hasta hace poco se confundía con el pangolín chino, del que se creía una simple variedad. Confirmar que es una especie distinta, con su propio territorio, no es un tecnicismo de museo, sino una pieza clave para salvarla, porque, como resume uno de los autores, no se puede proteger lo que no se conoce.

El ADN de un ejemplar de 1836 que resolvió el enigma

La confirmación llegó tras años de trabajo y un detalle de novela. El equipo, liderado por investigadores de Nepal y el Field Museum, arrastraba una duda taxonómica, la de si este pangolín del Himalaya era realmente distinto o no. La respuesta estaba guardada en un cajón desde hacía casi dos siglos.

La pieza definitiva vino del Museo de Historia Natural de Londres, donde se conservaba un ejemplar de Manis aurita descrito en 1836. Los científicos lograron secuenciar el ADN directamente de ese espécimen de casi 190 años y compararlo con los pangolines actuales del Himalaya, comprobando que coincidían. Eso zanjó el asunto y, por una regla básica de la ciencia, fijó el nombre correcto, aurita, ya que el primer nombre asignado a una especie es el que prevalece.

Las diferencias con el pangolín chino son sutiles pero reales. El del Himalaya tiene el cuerpo más grande, la cola más larga y las orejas más pequeñas, un rasgo este último al que alude precisamente su nombre. Y, sobre todo, ambos habitan regiones que no se solapan, un dato geográfico decisivo para su protección.

Aquí está la aplicación que puede salvar vidas. En los mercados ilegales casi nunca aparecen animales enteros, solo escamas sueltas, lo que hacía casi imposible saber qué especie se cazaba y de dónde. Con este nuevo mapa genético, los conservacionistas pueden trabajar al revés, analizar el ADN de una escama decomisada, identificar la especie exacta y localizar la región de la que fue arrancada, para dirigir allí la vigilancia.

El hallazgo no es un caso aislado, sino parte de una tendencia esperanzadora. Las colecciones de los museos, con ejemplares de más de un siglo, se están convirtiendo en un arma forense contra el tráfico, y en los últimos años han permitido destapar varios linajes ocultos de pangolín a partir precisamente de escamas guardadas. Un recurso silencioso que hoy ayuda a proteger a uno de los animales más amenazados del mundo.

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