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Por qué el Etna explotó de dos maneras muy diferentes en sus mayores erupciones

El mismo volcán, el Etna, explotó de dos formas muy distintas en sus mayores erupciones, una empujada por el agua y otra por el dióxido de carbono.

Aldo Venuta Rodríguez
Aldo Venuta Rodríguez Redacción · 3 min lectura
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Erupción del volcán Etna iluminando el cielo nocturno vista desde Calabria
Créditos: Cirimbillo / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0.

El Etna, el gran volcán de Sicilia, lleva milenios fascinando y amenazando a quienes viven a su sombra. Ahora, un equipo de científicos ha logrado asomarse a sus entrañas como nunca antes y ha descubierto algo sorprendente, que dos de sus erupciones más brutales no se desataron por el mismo motivo.

El trabajo, liderado por la Universidad Cornell y publicado en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosystems, reconstruyó la red de conductos por los que asciende el magma. Y reveló que, incluso dentro de un mismo volcán, la mecánica de una catástrofe puede cambiar por completo de una erupción a otra.

La comparación fue entre dos eventos prehistóricos muy violentos. Uno, el del año 122 a.C., una de las erupciones más potentes de las que hay registro, del tipo pliniano, la categoría más explosiva, bautizada así por Plinio el Viejo, que describió la del Vesubio en el año 79 d.C. El otro, mucho más antiguo, de hace unos 4.000 años.

Agua arriba, dióxido de carbono abajo

El resultado dibuja dos historias opuestas. La erupción del 122 a.C. estuvo impulsada sobre todo por vapor de agua liberado a poca profundidad, entre 2 y 5 kilómetros. El magma había subido despacio desde unos 22 kilómetros y se quedó estancado semanas en ese nivel somero, soltando gas poco a poco antes de estallar.

La erupción más antigua siguió el guion contrario. La disparó una alta concentración de dióxido de carbono que venía de mucho más hondo, entre 24 y 30 kilómetros, y el magma ascendió a toda velocidad para reventar en cuestión de horas. Dos motores distintos, el agua somera y el CO2 profundo, para un mismo final explosivo.

La clave para distinguirlos fue una técnica ingeniosa. Midiendo el dióxido de carbono atrapado en diminutos cristales del magma, los investigadores pudieron calcular la presión a la que se formaron y, con ella, la profundidad exacta de cada proceso, dibujando un mapa de la fontanería del volcán con un detalle nunca alcanzado.

Dos monstruos mitológicos y un objetivo práctico

Trabajar en el Etna invita a mirar a la mitología, y el investigador Esteban Gazel no se resistió. Comparó los dos sistemas con dos monstruos antiguos, uno alargado y serpenteante como Tifón, el de la erupción pliniana, y otro más pequeño y compacto como Encélado, el gigante que la leyenda sitúa justamente sepultado bajo Sicilia.

Más allá de la poesía, el objetivo es muy concreto. Entender que un mismo volcán puede explotar por vías distintas, y poder leer su fontanería con esta precisión, es clave para evaluar el riesgo de futuras erupciones. El equipo ya está aplicando el método a volcanes de Chile, Hawái y otros lugares, con la meta de construir mejores modelos que ayuden a anticipar la próxima gran explosión.

Fuentes

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