Por primera vez, los astrónomos han confirmado una gigantesca explosión de plasma en una estrella más allá del Sol. El hallazgo, conseguido gracias al observatorio espacial XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea y al radiotelescopio LOFAR, pone fin a una búsqueda que llevaba décadas abierta: detectar de forma directa una eyección de masa coronal en otro sistema estelar.
La estrella responsable de este fenómeno se encuentra a unos 40 años luz de la Tierra, una distancia relativamente corta en términos cósmicos. Se trata de una enana roja, un tipo de estrella pequeña, fría y muy activa, con un campo magnético cientos de veces más potente que el del Sol. Este tipo de estrellas son las más comunes de la Vía Láctea y, paradójicamente, las que más exoplanetas albergan.
El equipo internacional liderado por Joe Callingham, del Instituto de Radioastronomía de los Países Bajos, detectó una intensa ráfaga de ondas de radio proveniente de esa estrella. La señal era breve, poderosa y solo podía explicarse por un enorme estallido de materia escapando de su superficie. Los datos revelaron que la eyección viajaba a más de 2.400 kilómetros por segundo, una velocidad tan alta que podría arrancar por completo la atmósfera de cualquier planeta que orbitara demasiado cerca.
Una tormenta cósmica inédita
En el Sol, las eyecciones de masa coronal son frecuentes: enormes burbujas de plasma y campos magnéticos que se liberan al espacio y a veces alcanzan la Tierra, provocando auroras e interferencias eléctricas. Pero hasta ahora, nunca se había confirmado con certeza una de estas explosiones en otra estrella.
Los astrónomos habían detectado indicios indirectos, variaciones de brillo y señales magnéticas que sugerían su existencia, pero ninguna prueba irrefutable de que el material escapara realmente de la estrella. “Llevábamos décadas intentándolo”, explicó Callingham. “Ahora por fin tenemos evidencia directa de que una CME —eyección de masa coronal— salió al espacio desde otra estrella.”
La clave estuvo en combinar dos instrumentos. El radiotelescopio LOFAR captó la ráfaga inicial, mientras que XMM-Newton permitió medir la temperatura, el brillo y la rotación de la estrella en rayos X. Al unir ambos conjuntos de datos, los investigadores pudieron confirmar que el estallido no se quedó confinado dentro del campo magnético estelar, sino que realmente se propagó hacia el espacio interestelar.
Un riesgo para los mundos habitables
El descubrimiento plantea preguntas sobre la habitabilidad de los planetas que orbitan enanas rojas. Aunque estos sistemas suelen considerarse buenos candidatos para albergar vida —porque las zonas habitables están más cerca de la estrella—, las tormentas magnéticas extremas podrían convertirlos en entornos hostiles.
Una eyección tan rápida y densa como la observada podría despojar de su atmósfera a cualquier planeta cercano en cuestión de horas. Sin atmósfera, el agua líquida se evaporaría y la superficie quedaría expuesta a la radiación estelar, eliminando cualquier posibilidad de vida tal como la conocemos.
Henrik Eklund, investigador de la ESA, destacó que este resultado abre una nueva frontera para la astronomía estelar. “Por fin podemos estudiar cómo varían las erupciones según el tipo de estrella. Lo que aprendemos sobre otras estrellas también nos ayuda a entender mejor al Sol y cómo su actividad afecta a la Tierra.”
Una colaboración que cambia la astrofísica
El trabajo fue fruto de una estrecha colaboración entre científicos europeos. Los especialistas del Observatorio de París-PSL desarrollaron un método de análisis de datos que permitió identificar la firma única de las ondas de radio generadas por la onda de choque de la explosión. Gracias a esa técnica, el equipo pudo descartar otras posibles explicaciones y confirmar que se trataba de una eyección real.
La Agencia Espacial Europea destacó el papel del telescopio XMM-Newton, operativo desde 1999, que ha sido esencial para estudiar el universo de alta energía. Esta vez, el observatorio no miró hacia galaxias lejanas, sino hacia una estrella cercana, demostrando su versatilidad y la importancia de mantener instrumentos de largo recorrido en el espacio.
Erik Kuulkers, científico del proyecto XMM-Newton, resumió el impacto del hallazgo: “Con este resultado, cerramos una búsqueda de décadas. Ahora sabemos que las eyecciones de masa coronal no son exclusivas del Sol, y que el clima espacial en otras estrellas puede ser incluso más violento.”
El descubrimiento no solo amplía la comprensión del comportamiento estelar, sino que también redefine la búsqueda de mundos habitables. La vida puede necesitar más que una distancia adecuada a su estrella: también requiere estabilidad, protección y tiempo. En un universo lleno de estrellas explosivas, eso podría ser mucho más raro de lo que imaginamos.
Fuente: ESA