EE.UU. ofrece empleo e inversión a cambio de almacenar residuos nucleares de forma permanente
Estados Unidos ofrece inversiones y miles de empleos a cambio de que algún estado acepte custodiar de forma permanente los residuos nucleares más peligrosos del país.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
El gobierno estadounidense ha lanzado una propuesta insólita: busca estados voluntarios dispuestos a convertirse en el hogar definitivo de los residuos nucleares más peligrosos. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia para impulsar una nueva generación de reactores atómicos, cuyo objetivo es alimentar la explosiva demanda eléctrica de los centros de datos de inteligencia artificial.
El plan, publicado la semana pasada por el Departamento de Energía (DOE), marca un giro significativo en la política nuclear del país. La administración Trump, que pretende cuadruplicar la capacidad nuclear para 2050, ya no separa la expansión de la energía atómica de su consecuencia más espinosa: la gestión permanente de los desechos radiactivos. En su lugar, ofrece un paquete integrado que incluiría nuevos reactores, instalaciones de reprocesamiento, plantas de enriquecimiento de uranio y centros de datos, junto con el indispensable depósito geológico profundo para el combustible gastado.
La lógica es clara: al combinar grandes incentivos económicos —inversiones de miles de millones y la creación de miles de empleos— con una instalación menos deseable, se espera motivar a comunidades locales para que acepten el desafío. Algunos estados, como Utah y Tennessee, ya han mostrado interés en proyectos nucleares, según fuentes cercanas al proceso.
Sin embargo, la propuesta tropieza con una realidad geológica y social: ese "agujero muy profundo" no existe en Estados Unidos. El país acumula unas 100.000 toneladas de residuos radiactivos, almacenadas temporalmente en las propias centrales nucleares, y cada año se añaden 2.000 toneladas más. La búsqueda de un repositorio permanente comenzó en 1983 y se centró en Yucca Mountain, Nevada, pero el proyecto fue cancelado en 2010 tras una fuerte oposición política y local.
La urgencia actual viene impulsada por la voracidad energética de la inteligencia artificial y la electrificación del transporte, que han revertido la tendencia estable de demanda eléctrica. Para responder rápido, el DOE promueve los reactores modulares pequeños (SMR), diseños más compactos y teóricamente más rápidos de construir. Sin embargo, expertos advierten que estos nuevos reactores no solucionan —y podrían incluso agravar— el problema de los residuos. Un estudio de 2022 señala que producirían volúmenes similares o mayores de desechos por unidad de electricidad que los reactores actuales.
La aceptación pública de la energía nuclear depende, en gran medida, de la promesa de una solución segura y definitiva para sus residuos, algo que estudios gubernamentales en EE.UU., Gran Bretaña y la Unión Europea respaldan. El portavoz de la Oficina de Energía Nuclear fue contundente: una estrategia nuclear completa debe incluir vías seguras y duraderas para la disposición final, un elemento no negociable en la nueva propuesta.
Mientras EE.UU. busca voluntarios, otros países avanzan lentamente. Finlandia está a punto de inaugurar el primer depósito permanente del mundo en Olkiluoto, tras un proceso iniciado en 1983. Suecia comenzó su construcción en enero, con operatividad prevista para la década de 2030. Canadá, Suiza y Francia tienen planes con horizontes entre 2040 y 2050.
La experiencia internacional, como la de la planta escocesa de Dounreay —cerrada en 1994 y cuyo desmantelamiento se ha extendido hasta la década de 2070—, sirve como advertencia. Los residuos "provisionales" pueden terminar almacenados durante más de un siglo, y la limpieza final presenta desafíos imprevistos y costosos.
El enfoque estadounidense, que ahora ata el futuro nuclear al destino de sus desechos, supone un reconocimiento pragmático de que la energía atómica solo puede expandirse si resuelve su legado más duradero. La pregunta que queda sobre la mesa es qué comunidad estará dispuesta a aceptar un regalo envenenado: un paquete de desarrollo económico a cambio de custodiar, literalmente para siempre, los restos de la era nuclear.
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