Durante años se pensó que el hierro que emerge de las profundidades del océano quedaba atrapado cerca de las fuentes hidrotermales, pero nuevas investigaciones muestran que parte de este metal puede viajar a lo largo de miles de kilómetros, impulsando la vida marina y afectando incluso el equilibrio climático del planeta.
El estudio, liderado por la Universidad de Bremen y el centro MARUM, propone que pequeñas moléculas orgánicas y la acción de microorganismos permiten que el hierro se mantenga disuelto en el agua durante largos periodos, evitando que se precipite al fondo. Esto lo convierte en un fertilizante natural que llega a zonas remotas del océano.
Los científicos señalan que, aunque gran parte del hierro se transforma rápidamente en minerales al contacto con el oxígeno, una fracción mínima permanece activa y es transportada por las corrientes marinas. Esa pequeña cantidad resulta suficiente para influir en la productividad del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina.
Según los investigadores, este mecanismo podría tener implicaciones directas en el ciclo global del carbono. Cuando el plancton crece, captura dióxido de carbono de la atmósfera, por lo que el hierro liberado desde el fondo del mar puede ayudar a regular el clima terrestre de manera indirecta.
El trabajo reúne datos de varias instituciones científicas alemanas y combina observaciones de campo, modelos geoquímicos y análisis microbiológicos. Juntos, ofrecen una visión más completa del papel del fondo oceánico en la dinámica del planeta, un ámbito que aún guarda grandes incógnitas.
Para los autores, comprender cómo se transportan estos minerales invisibles es clave para anticipar cómo responderán los océanos al cambio climático. Bajo la superficie, el hierro sigue moviéndose silenciosamente, tejiendo conexiones entre la geología, la biología y el clima de la Tierra.