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El iceberg A-23A se rompe desde dentro y acelera su colapso en el Atlántico Sur

El iceberg A-23A se desintegra en el Atlántico Sur con un patrón inusual, mostrando cómo el deshielo interno acelera su colapso y altera el entorno marino.

3 min lectura
Iceberg A-23A fragmentándose en el Atlántico Sur
Créditos: NASA

Las últimas imágenes de satélite no dejan mucho margen a la duda. El A-23A, uno de los mayores icebergs seguidos durante décadas, ha entrado en su fase final con grietas profundas, fragmentación visible y una estructura que ya no se comporta como un bloque sólido. Lo llamativo no es solo que se rompa, sino cómo lo hace.

Ese aspecto de hielo “hirviendo” no es una metáfora exagerada. Los tonos azules y las grietas llenas de agua indican que el proceso de deshielo ocurre desde dentro, debilitando el iceberg de forma progresiva sin necesidad de grandes impactos externos o colisiones.

El A-23A se desprendió en 1986 de la plataforma Filchner Ronne, en la Antártida. Durante años fue un gigante prácticamente inmóvil, incluso anclado en el fondo marino, hasta que se liberó y comenzó a desplazarse hacia latitudes más cálidas, donde el hielo tiene menos margen para mantenerse intacto.

Cuando se formó, alcanzaba unos 4.000 kilómetros cuadrados, lo que llevó a clasificarlo como un “megaberg”. Hoy la escala es completamente distinta: a finales de marzo de 2026 ya se estimaba en poco más de 170 kilómetros cuadrados, y en abril aparecía claramente fragmentado en múltiples piezas.

El color azul que destaca en su superficie no es solo una cuestión visual. Se debe a la acumulación de agua de deshielo en charcos y canales que se forman durante el verano austral, extendiéndose por grandes zonas del iceberg y marcando las áreas más debilitadas.

Esa agua actúa como un elemento activo en la ruptura. Al infiltrarse en grietas, añade peso y presión, forzando la apertura de nuevas fracturas desde dentro. El iceberg no se rompe solo por el exterior, el propio agua atrapada en su interior acelera el proceso.

Además, las marcas antiguas del hielo influyen en cómo se fragmenta. Esas líneas, formadas cuando aún era parte de un glaciar, guían el flujo del agua de deshielo y determinan por dónde se abren las grietas, como si el relieve interno marcara su propio punto de colapso.

En algunos momentos, el sistema incluso “drena” de forma repentina. El agua acumulada encuentra salida y cae al océano, arrastrando fragmentos de hielo y generando descargas visibles de agua dulce, lo que indica que el colapso no es lineal, sino que puede acelerarse en episodios puntuales.

El entorno termina de empujar el desenlace. El A-23A se encuentra en aguas cercanas a los 3 grados y se desplaza hacia zonas aún más cálidas, un escenario que los científicos describen como un “cementerio de icebergs”, donde la desintegración se acelera y los grandes bloques acaban fragmentándose por completo en poco tiempo.

Fuentes

1
NASA

science.nasa.gov/earth/earth-observatory/megaberg-ends-its-long-odyssey-at-sea/

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