Estudio demuestra que la química atmosférica amplía el potencial de la reforestación para mitigar el calentamiento
La reforestación global tiene mayor efecto climático al considerar la química atmosférica, que reduce el calentamiento por cambios en el albedo y otros factores
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
2 min lectura
La restauración de áreas boscosas es ampliamente reconocida como una estrategia clave en la lucha contra el cambio climático. Su principal mecanismo conocido es la captura y almacenamiento de dióxido de carbono atmosférico.
Sin embargo, el impacto climático real de plantar árboles es un fenómeno mucho más intrincado. No solo se trata de cuánto carbono secuestran, sino también de cómo interactúan con su entorno a niveles más sutiles.
Un nuevo estudio científico, publicado en la prestigiosa revista Communications Earth & Environment, ha profundizado en estos efectos. La investigación revela que la química atmosférica juega un papel sorprendentemente beneficioso y a menudo subestimado.
De hecho, los procesos químicos en la atmósfera pueden mejorar significativamente el potencial de enfriamiento global de los árboles. Este es un factor que muchos modelos climáticos actuales no consideran en su totalidad.
El equipo de investigadores, liderado por Robert J. Allen de la Universidad de California, Riverside, llevó a cabo complejos experimentos de modelado climático. Simularon un ambicioso escenario de restauración de árboles a escala planetaria.
Crucialmente, realizaron estas simulaciones en dos configuraciones distintas, una que incluía los efectos de una química atmosférica interactiva y otra que prescindía de ellos, centrándose solo en otros factores.
Los resultados sin considerar la química atmosférica mostraron un panorama mixto. Si bien los árboles almacenan carbono (efecto enfriador), también tienden a oscurecer la superficie terrestre en comparación con pastizales o suelos desnudos.
Este calentamiento "biofísico" inducido por el menor albedo puede llegar a neutralizar una parte considerable del enfriamiento logrado por el carbono almacenado. El estudio estima que este contrapeso puede ser de hasta un 45%.
No obstante, cuando los modelos incluyeron la química atmosférica interactiva, el panorama cambió de forma notable y positiva. El calentamiento biofísico global debido al cambio de albedo se vio significativamente reducido.
Esta atenuación del calentamiento fue particularmente evidente en el hemisferio sur, donde la evapotranspiración de los nuevos bosques ya contribuía a un efecto de enfriamiento local.
Con la química atmosférica en juego, el porcentaje del enfriamiento por carbono que se veía contrarrestado por efectos biofísicos disminuyó drásticamente. Pasó de un 45% a solo un 24% (ya incluyendo los efectos indirectos estimados del metano).
Esto implica que el potencial neto de mitigación climática de la restauración de árboles es considerablemente mayor de lo que se pensaba. Los árboles, al interactuar químicamente con la atmósfera, se convierten en aliados aún más efectivos contra el calentamiento global.
La clave de este "impulso químico" reside en los compuestos orgánicos volátiles biogénicos (COVB). Estas son sustancias que los árboles liberan naturalmente a la atmósfera como parte de sus procesos vitales.
Una vez en el aire, estos COVB participan en complejas reacciones químicas. Contribuyen a la formación de aerosoles orgánicos secundarios (SOA), que son diminutas partículas suspendidas en la atmósfera.
Estos SOA, junto con otros efectos inducidos por los COVB en la formación y propiedades de las nubes, tienen la capacidad de reflejar la luz solar de vuelta al espacio. El resultado neto es un efecto de enfriamiento atmosférico.
Este enfriamiento derivado de la química es especialmente fuerte en el hemisferio sur. Esto se debe a que el escenario de restauración contemplaba una gran proporción de árboles tropicales en esta zona, conocidos por ser grandes emisores de COVB.
El estudio también detalla otros efectos. Por ejemplo, la restauración arbórea conduce a una disminución global en la carga de polvo atmosférico, debido principalmente al aumento de la rugosidad de la superficie que frena el viento.
En cuanto a la calidad del aire a nivel local, los efectos son mixtos. Mientras que en algunas regiones la reforestación podría mejorarla en términos de ozono, en otras podría haber un aumento de partículas finas (PM2.5) debido a la formación de SOA.
Las emisiones de carbono por incendios forestales también muestran respuestas complejas. Disminuyen globalmente, sobre todo en los trópicos (donde los nuevos árboles aumentan la humedad y reducen la inflamabilidad de los pastos que reemplazan).
Sin embargo, en algunas zonas extratropicales, el cambio de cultivos (menos inflamables) a bosques podría, paradójicamente, incrementar la actividad de los incendios, contrarrestando parte del carbono secuestrado. Los efectos químicos tienden a mitigar ligeramente este aumento de incendios extratropicales.
En términos de almacenamiento de carbono terrestre, el estudio confirma que el hemisferio sur, especialmente los trópicos, muestra una mayor eficiencia por unidad de área reforestada. Los efectos químicos también parecen potenciar ligeramente la fijación de carbono, sobre todo en el hemisferio norte, posiblemente debido a un aumento en la deposición de nitrógeno.
Los investigadores estimaron que el enfriamiento biogeoquímico (por captura de carbono) sería de unos -0,45 K con química y -0,42 K sin ella. Sin embargo, el calentamiento biofísico (por albedo, etc.) fue de solo +0,07 K con química (o +0,11 K incluyendo metano), frente a +0,19 K sin química.
Por lo tanto, el enfriamiento neto final es significativamente mayor cuando se considera la química atmosférica. Los autores reconocen que sus resultados se basan en un solo modelo climático y en un escenario de restauración instantánea.
Sugieren que futuros estudios deberían usar modelos alternativos y escenarios de reforestación más graduales. También enfatizan la necesidad de simulaciones basadas en emisiones para estimar más directamente la reducción del CO₂ atmosférico.
A pesar de estas limitaciones, la conclusión principal es robusta, la inclusión de la química atmosférica interactiva en los análisis revela un mayor potencial de mitigación climática de la restauración arbórea de lo que generalmente se asume.
Este hallazgo subraya la importancia de no pasar por alto estos complejos procesos atmosféricos al diseñar y evaluar estrategias de reforestación y forestación como herramientas para combatir el cambio climático. La reducción drástica de emisiones de combustibles fósiles, no obstante, sigue siendo la acción prioritaria e insustituible.
Fuente: Basado en información publicada en la revista científica Communications Earth & Environment
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