Un nuevo estudio liderado por la Universidad Estatal de Pensilvania, en colaboración con el USGS y la Comisión de Pesca y Navegación de Pensilvania, concluye que el bagre de cabeza plana —especie no nativa detectada en el Susquehanna desde 1991— se ha consolidado como depredador tope del sistema.
Los autores advierten que su rápido crecimiento, gran tamaño y dieta generalista le permiten ejercer un fuerte control ecológico. Al carecer prácticamente de enemigos naturales en su etapa adulta, su expansión está reconfigurando la dinámica de energía y las interacciones tróficas del río.
Para cuantificar el impacto, el equipo comparó tramos invadidos y no invadidos, enfocándose en especies clave: bagre de cabeza plana (invasor), bagre de canal y lubina de boca chica (depredadores residentes), además de cangrejos de río y pececillos (presas).
Mediante análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno en tejidos —un método que integra la dieta a lo largo del tiempo—, los investigadores estimaron posiciones tróficas, amplitud de nicho y solapamiento dietario. El muestreo incluyó 279 peces y 64 cangrejos de río.
El resultado fue claro: el bagre de cabeza plana ocupó la posición trófica más alta, superando incluso a la lubina de boca chica y al bagre de canal. En áreas invadidas, el bagre de canal mostró una posición trófica más baja, señal de que desciende en la cadena alimentaria para evitar competir o ser depredado.
Además, en presencia del invasor todas las especies ampliaron y solaparon más sus nichos tróficos, un patrón consistente con la llamada “disrupción trófica”: la llegada de un nuevo depredador obliga a residentes a modificar comportamiento y dieta, desestabilizando gradualmente el ecosistema.
El estudio también documenta que los peces planos (flatheads) crecen con rapidez en el Susquehanna y consumen una variedad de presas, incluidas especies de interés recreativo. Ese oportunismo, sumado a su tamaño, multiplica el efecto cascada sobre la comunidad.
Los autores subrayan que estos cambios no solo implican menos peces nativos; también transforman el flujo de energía y la estructura de la red alimentaria. Con el tiempo, esto puede afectar productividad, reclutamiento de juveniles y la resiliencia del sistema ante perturbaciones.
En términos de gestión, los hallazgos respaldan medidas de control del invasor y monitoreo continuo con isótopos estables para detectar desplazamientos de nicho en especies sensibles. La coordinación entre agencias estatales y federales será clave para mitigar impactos.
Los investigadores concluyen que la invasión del bagre de cabeza plana en el Susquehanna es un caso emblemático de cómo un depredador exótico puede reconfigurar redes tróficas enteras. Comprender estos mecanismos es esencial para diseñar respuestas de conservación efectivas.